Hay nombres de lugares que terminan por entrar en la historia de un país, y Vicálvaro es uno de ellos. En junio de 1854, este entonces municipio del este madrileño dio nombre a la Vicalvarada, el pronunciamiento encabezado por el general Leopoldo O’Donnell que abrió una crisis política que desembocaría en la Revolución de 1854 y en el Bienio Progresista. Casi un siglo después, otro acontecimiento iba a modificar para siempre su historia, esta vez no en el campo de batalla, sino en el mapa administrativo de Madrid.
El Decreto de 10 de noviembre de 1950 aprobó la anexión total del término municipal y del Ayuntamiento de Vicálvaro al de Madrid. La disposición apareció en el Boletín Oficial del Estado el 13 de diciembre de aquel año y facultaba al Ministerio de la Gobernación para adoptar las medidas necesarias para hacer efectiva la incorporación.
La incorporación efectiva se sitúa en el 20 de octubre de 1951, fecha que recoge la documentación patrimonial de la Comunidad de Madrid. Por ello, este 2026 se cumplen 75 años de la integración de Vicálvaro en la capital.
Pero el Vicálvaro que entró en Madrid era mucho más amplio que el pueblo que hoy reconocemos alrededor de su casco histórico. En vísperas de la anexión, el antiguo municipio había alcanzado 21.244 habitantes, repartidos entre la villa y Pueblo Nuevo-Ventas, La Fortuna y Moratalaz. Era, por tanto, un territorio mucho más extenso y diverso que el núcleo del antiguo pueblo.
Mucho antes de la anexión, Vicálvaro ya tenía una historia propia

La historia del territorio vicalvareño comienza mucho antes de que existiera el municipio. En el Cerro de Almodóvar se han documentado restos vinculados al Paleolítico Medio, testimonio de una presencia humana muy anterior a la formación del pueblo histórico.
A ese pasado remoto pertenece también Casa Montero, uno de los grandes yacimientos arqueológicos del este madrileño. Esta mina de sílex fue explotada durante el Neolítico antiguo, aproximadamente entre 5400 y 5200 a. C., y ocupa más de cuatro hectáreas en las que se han documentado más de 4.000 estructuras subterráneas.
Estos restos permiten medir la antigüedad de la ocupación y del aprovechamiento del territorio, pero no deben confundirse con el nacimiento de Vicálvaro como pueblo. Para encontrar una comunidad con organización institucional propia hay que avanzar muchos siglos.
Doscientos vecinos y un concejo propio en 1576
Durante el Antiguo Régimen, Vicálvaro formó parte de la jurisdicción de la Villa y Tierra de Madrid. Esa vinculación histórica resulta importante para entender sus relaciones con la capital, aunque no significa que formara parte del municipio madrileño tal y como lo conocemos hoy.
Las Relaciones Topográficas de Felipe II permiten conocer con bastante precisión cómo era su organización en el siglo XVI. En 1576 Vicálvaro tenía 200 vecinos y un concejo formado por dos alcaldes ordinarios, dos alcaldes de hermandad y dos regidores.
La relación con Madrid tampoco era únicamente geográfica. En 1664, en plena política de venta de jurisdicciones del reinado de Felipe IV, Vicálvaro estuvo a punto de pasar de la jurisdicción madrileña a un señorío particular. La operación no fue, en realidad, una venta al almirante Francisco Díaz Pimienta, sino una permuta ofrecida a sus herederos tras la anulación de la venta de Puerto Real. Los comisionados enviados para medir el término y averiguar su vecindario encontraron una fuerte resistencia: los vecinos y las justicias locales se opusieron, respaldados por Madrid, que llevó el conflicto al Consejo Real.

Vicálvaro era uno de los lugares vinculados al abastecimiento de pan de la Corte y desde allí llegaban también carros utilizados en tareas de limpieza, por lo que su paso a otra jurisdicción podía dificultar unos servicios importantes para la capital. La cesión quedó paralizada y los herederos no llegaron a tomar posesión efectiva de la villa.
La Vicalvarada llevó el nombre del pueblo a la historia de España

El acontecimiento más conocido de la historia contemporánea de Vicálvaro llegó en junio de 1854, cuando las tropas del general Leopoldo O’Donnell se enfrentaron a las fuerzas gubernamentales en un pronunciamiento que acabaría siendo conocido por el nombre del municipio: la Vicalvarada.
El levantamiento no produjo por sí solo un cambio inmediato de Gobierno, pero abrió una crisis política que desembocó en la Revolución de 1854 y en el comienzo del Bienio Progresista. El nombre de un municipio situado entonces fuera de Madrid quedó así incorporado a la historia política española.
La memoria de aquellos acontecimientos sigue visible en el distrito con el Obelisco de la Vicalvarada, que continúa recordando uno de los momentos en los que la historia local de Vicálvaro se cruzó con la del conjunto de España.
¿Por qué llaman «ahumados» a los vicalvareños?
No toda la historia de Vicálvaro se encuentra en documentos administrativos o en grandes acontecimientos políticos. También pervive en los relatos transmitidos entre generaciones. Además del gentilicio vicalvareño, sus habitantes han sido conocidos tradicionalmente como ‘ahumados’.
Una leyenda popular relaciona el apodo con una disputa entre Vicálvaro y Vallecas por una imagen de la Virgen encontrada por un pastor. Según el relato, ambos pueblos encendieron una hoguera y acordaron que la imagen quedaría en el lugar hacia el que no se dirigiera el humo. Vallecas se habría quedado con la imagen y los vicalvareños, en cambio, habrían quedado «ahumados».

Otra explicación tradicional lleva hasta Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada y fundador de la Guardia Civil, que en 1844 instaló en Vicálvaro un depósito de Caballería de la Guardia Civil, que permaneció allí hasta 1848. En los terrenos relacionados con aquella presencia militar se encuentra hoy el parque del Duque de Ahumada.
La presencia de la Guardia Civil forma parte de la historia documentada y divulgada institucionalmente; el origen exacto del apodo, sin embargo, no está demostrado. Por eso ambas explicaciones deben entenderse como parte de la tradición y la memoria popular vicalvareñas.
Santa María la Antigua, cinco siglos de historia en el corazón de Vicálvaro
En medio de todos esos cambios, un edificio continúa enlazando el Vicálvaro anterior a la anexión con el distrito contemporáneo: la iglesia parroquial de Santa María la Antigua, uno de los principales testimonios patrimoniales del antiguo pueblo.
La historia documentada del templo se remonta al menos a 1427, fecha de la primera mención escrita conocida de una iglesia en el casco de Vicálvaro. A finales del siglo XVI, aquel edificio resultaba ya insuficiente para las necesidades de la población.
Una Provisión Real de Felipe II fechada el 19 de septiembre de 1590 recoge la petición de ampliar la iglesia para recibir a un mayor número de fieles y el examen posterior de su estado por maestros de obras.

La construcción del templo actual entre 1593 y 1621
La iglesia que ha llegado hasta nuestros días se construyó en lo esencial entre 1593 y 1621, aunque conserva una cabecera anterior. Esa parte responde todavía a modelos del gótico tardío, mientras que el cuerpo de naves fue levantado siguiendo trazas atribuidas a Francisco de Mora, Maestro Mayor de Obras Reales y de las Obras de la Villa de Madrid.
La ejecución se prolongó durante décadas y pasó por manos de distintos maestros. Desde 1602, Gaspar Ordóñez se hizo cargo de los trabajos; en 1619 todavía estaban pendientes las bóvedas de las tres naves y otros elementos, y en 1621 existía ya la obligación de concluir la construcción.
El resultado es un templo construido principalmente en ladrillo y mampostería, con cabecera poligonal, tres naves abovedadas y coro a los pies. A esa estructura se incorporaron más adelante una sacristía del siglo XVIII y diferentes capillas, reflejo de las sucesivas transformaciones del edificio.
El patrimonio perdido durante la Guerra Civil
La Guerra Civil provocó una grave pérdida para el patrimonio de Santa María la Antigua, ya que los bienes muebles históricos del templo fueron destruidos, entre ellos un antiguo retablo barroco y un órgano construido en 1760 por el maestro José Loytegui.
El actual retablo neobarroco fue realizado mucho después, entre 1997 y 1998, y el templo también pasó por diferentes actuaciones de restauración durante las últimas décadas del siglo XX.
Bien de Interés Cultural desde 2022
El reconocimiento institucional de ese valor llegó con el Decreto 37/2022, de 15 de junio, por el que la Comunidad de Madrid declaró Santa María la Antigua Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento. La disposición fue publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid el 22 de junio de 2022.
La declaración pone en valor precisamente la convivencia de diferentes épocas y lenguajes arquitectónicos: una cabecera relacionada con el gótico tardío y un cuerpo de naves de carácter clasicista, además de las ampliaciones incorporadas durante los siglos posteriores.

Más allá de su arquitectura, Santa María la Antigua conserva una posición singular en la memoria de Vicálvaro. Su presencia en el casco histórico permite reconocer todavía uno de los espacios alrededor de los que se desarrolló la vida del pueblo mucho antes de su incorporación a Madrid.
Un municipio mucho mayor que el antiguo pueblo
Al llegar el siglo XX, Vicálvaro ya no podía entenderse únicamente como el núcleo de casas y calles situado alrededor de Santa María la Antigua porque el término municipal comprendía un territorio mucho más amplio, en el que convivían distintos núcleos de población y actividades económicas.

El fondo del antiguo Ayuntamiento de Vicálvaro conservado en el Archivo de Villa permite reconstruir parte de aquella realidad. Incluye libros de acuerdos de 1864 a 1951, documentación de la Comisión Municipal Permanente desde 1925, un padrón general de habitantes de 1945 y diferentes libros de Hacienda y contabilidad.
Esa misma descripción archivística cifra en 21.244 los habitantes del municipio en el momento de la anexión, repartidos entre la villa y los núcleos de Pueblo Nuevo-Ventas, La Fortuna y Moratalaz.

La cifra es esencial para interpretar correctamente la incorporación porque Madrid no absorbió únicamente el casco del antiguo pueblo, sino un municipio de mayor extensión y con una geografía demográfica diferente. Por esa misma razón, los límites de aquel término municipal no deben identificarse con los del distrito de Vicálvaro actual.
La configuración anterior a las grandes transformaciones del siglo XX puede observarse en el plano de Madrid y sus pueblos colindantes de Facundo Cañada, de 1900. El antiguo casco aparece relacionado con un espacio que después quedó delimitado por referencias como San Cipriano, la calle del Centeno, el área de la cementera y la línea ferroviaria.
Cuando el paisaje rural empezó a convivir con la industria
Durante siglos, Vicálvaro mantuvo la fisonomía de un pueblo, pero la cercanía de Madrid fue transformando poco a poco su territorio. La expansión de la capital hizo que parte de las antiguas tierras rurales adquirieran nuevos usos y que el paisaje agrícola comenzara a convivir con instalaciones industriales.

El cambio se aprecia especialmente en la importancia que fueron adquiriendo las industrias de cemento, cal, yeso, ladrillos, hormigón, estructuras metálicas, vidrio y otros materiales de construcción. El viejo casco rural quedó así rodeado por una realidad económica cada vez más ligada a la expansión metropolitana.
La huella del cemento en la historia de Vicálvaro
Pocas industrias dejaron una huella tan profunda como Cementos Portland Valderrivas. Su llegada a Vicálvaro a comienzos de los años veinte, cuando el municipio todavía conservaba su independencia, fue modificando el paisaje que rodeaba al antiguo núcleo rural.

La cementera llegó a convertirse en la principal industria de Vicálvaro durante el siglo XX. Alrededor de sus instalaciones aparecieron viviendas y servicios para los trabajadores, mientras el empleo industrial atraía nueva población y alteraba progresivamente la estructura del municipio.
Aquella etapa terminó muchas décadas después, ya que en 1998 comenzó el desmantelamiento de las instalaciones y la posterior urbanización de sus terrenos. La cementera desapareció del paisaje, pero no de la toponimia: el actual barrio de Valderrivas conserva su recuerdo.
De la Real Fábrica al cuartel de Artillería
Otro de los espacios que permite recorrer varias etapas de la historia local nació en 1751 con la instalación de la Real Fábrica de Tejidos de San Fernando. La manufactura permaneció en Vicálvaro hasta 1770, cuando fue trasladada a Buitrago y Guadalajara, y el edificio terminaría teniendo posteriormente un uso militar como cuartel de Artillería.

Aquel emplazamiento quedó vinculado después a distintos episodios del siglo XIX. Durante la Guerra de la Independencia, tropas francesas se asentaron en los cuarteles de Artillería y en 1837 la expedición carlista pasó por el entorno de Vicálvaro en su avance hacia Madrid.
El antiguo conjunto militar forma parte hoy del campus de Madrid de la Universidad Rey Juan Carlos, por lo que un mismo espacio ha pasado así por usos fabriles, militares y universitarios a lo largo de más de dos siglos.
El Gran Madrid preparó el camino de la anexión
La incorporación de Vicálvaro no fue una decisión aislada. Formó parte del proceso de reorganización territorial conocido como el Gran Madrid, con el que la capital amplió sus límites durante las décadas centrales del siglo XX mientras intentaba ordenar un crecimiento urbano que ya desbordaba su término municipal.

El marco comenzó a definirse con la Ley de Bases para la Ordenación Urbana de Madrid y sus alrededores, de 25 de noviembre de 1944 y publicada en el BOE al día siguiente.
Dos años después, el Decreto de 1 de marzo de 1946 aprobó la redacción oficial de la Ley de Ordenación Urbana de Madrid y sus alrededores, y Vicálvaro figuraba expresamente entre los términos incluidos en el ámbito del Plan General.
Su artículo 4 fijaba el procedimiento para plantear la anexión total o parcial de municipios limítrofes. Los expedientes debían tramitarse con audiencia de los ayuntamientos afectados, dictamen del Consejo de Estado y resolución del Consejo de Ministros.
La operación respondía a una lógica metropolitana porque la vivienda, industria, comunicaciones y servicios desbordaban cada vez más las antiguas fronteras municipales, y la planificación urbanística de Madrid comenzó a plantearse sobre un territorio más amplio que el de la capital existente.
Del acuerdo de 1950 al 20 de octubre de 1951
El primer paso directamente acreditado por la norma estatal se produjo el 12 de mayo de 1950, cuando el Ayuntamiento de Madrid acordó promover la anexión total del término municipal y del Ayuntamiento de Vicálvaro.
El Gobierno aprobó la operación el 10 de noviembre de 1950, a propuesta del ministro de la Gobernación, de conformidad con el dictamen del Consejo de Estado y después de la deliberación del Consejo de Ministros. El decreto se publicó el 13 de diciembre de 1950, en la página 5828 del BOE.

La palabra utilizada por el decreto era inequívoca: ‘total’. La incorporación no se limitaba al pueblo alrededor de Santa María la Antigua, sino que afectaba al término municipal y al Ayuntamiento de Vicálvaro en su conjunto.
La anexión efectiva se fecha habitualmente el 20 de octubre de 1951, día que también recoge la documentación oficial de patrimonio de la Comunidad de Madrid. Existe, no obstante, una cautela documental: el acta original de aquella formalización no ha podido cotejarse en línea y debe verificarse directamente en los libros de acuerdos conservados por el Archivo de Villa.

El cambio quedó registrado también en la estadística oficial. La base histórica de alteraciones municipales del Instituto Nacional de Estadística incluye a Vicálvaro entre los antiguos municipios incorporados al término de Madrid.
La anexión no creó inmediatamente el distrito que conocemos hoy
La desaparición del municipio no dio lugar de inmediato a un distrito llamado Vicálvaro. Tras la anexión, el territorio quedó relacionado con los distritos de Vallecas y Ventas y, desde 1971, con Moratalaz.
Hubo que esperar hasta la reorganización territorial de 1987 para que Vicálvaro se convirtiera en un distrito independiente dentro de Madrid. No recuperaba el antiguo Ayuntamiento ni los límites del municipio desaparecido, pero el topónimo volvía a identificar una unidad administrativa propia de la ciudad.
Valdebernardo, Valderrivas y El Cañaveral cambiaron de nuevo el territorio
Durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, nuevos desarrollos residenciales cambiaron de nuevo el paisaje que durante siglos había rodeado al antiguo pueblo.
Uno de los grandes cambios llegó con Valdebernardo, un desarrollo residencial vinculado al planeamiento de los años ochenta, en el que sus primeros vecinos comenzaron a instalarse en la primavera de 1995, dando paso a una nueva etapa en la historia del distrito.
Valderrivas creció en buena medida sobre los espacios relacionados con la antigua cementera. El desmantelamiento industrial iniciado en 1998 abrió paso a la construcción residencial y a un barrio cuyo nombre conserva todavía la memoria de Portland Valderrivas.
Más recientemente, El Cañaveral ha protagonizado otra fase de expansión hacia el este, dando lugar a un distrito en el que conviven el casco del antiguo pueblo, los grandes desarrollos residenciales de finales del siglo XX y los nuevos espacios urbanos del XXI.
La organización actual refleja precisamente esa evolución. Vicálvaro está dividido en Casco Histórico de Vicálvaro, Valdebernardo, Valderrivas y El Cañaveral, cuatro barrios que representan etapas muy diferentes del crecimiento del territorio.
Las huellas del antiguo pueblo siguen presentes
Setenta y cinco años después de la anexión, Vicálvaro ha cambiado de tamaño, de paisaje y de organización administrativa. Sin embargo, muchas de las huellas de su pasado continúan reconocibles en las calles, los nombres y los espacios del distrito.
Santa María la Antigua recuerda la historia del núcleo anterior a la anexión; el Obelisco de la Vicalvarada remite al momento en que el nombre de Vicálvaro entró en la política nacional; el parque del Duque de Ahumada conserva otra referencia de su pasado militar y Valderrivas mantiene viva la memoria de la industria cementera.
A estos testimonios materiales se suman tradiciones como la de los ‘ahumados’ y un sentimiento de pertenencia que continúa formando parte de la identidad vicalvareña.
Con motivo del 75.º aniversario de la anexión, Vicálvaro celebra esta fecha con una programación cultural que se extiende entre octubre y diciembre. Conciertos de jazz y zarzuela, presentaciones de libros sobre la historia y las tradiciones del distrito, una representación teatral y un documental dedicado a su evolución forman parte de las actividades conmemorativas, que incluyen también un cupón especial de la ONCE.
Vicálvaro suma ya 75 años como parte de Madrid y, bajo sus barrios modernos, todavía puede reconocerse la memoria del pueblo que tuvo ayuntamiento propio, dio nombre a la Vicalvarada y encontró alrededor de Santa María la Antigua uno de sus principales símbolos de identidad.
