Latina cumple 50 años como distrito, pero su nombre tiene casi cinco siglos de historia. Este trozo del suroeste de la ciudad de Madrid lleva grabado en su denominación la huella de una mujer del siglo XV, contiene caminos que ya existían cuando Madrid era una villa de paso y alberga el aeródromo más antiguo de España.
El 14 de junio de 1976, Latina inauguró su propia junta municipal y se convirtió en el distrito número 10 de la capital. Pero hasta llegar ahí, sus siete barrios —Aluche, Campamento, Cuatro Vientos, Las Águilas, Los Cármenes, Lucero y Puerta del Ángel— habían vivido décadas compartiendo administración con Carabanchel. El 17 de junio de 2026, el Auditorio Paco de Lucía acogió la gala del aniversario, presentada por la periodista y escritora Irene Villa, antigua vecina del distrito.
Un nombre más antiguo que el distrito
Hay un malentendido frecuente sobre Latina. El distrito no toma su nombre del famoso barrio de La Latina del centro de Madrid, aunque comparten origen. Ambos llevan el apodo de Beatriz Galindo, una mujer nacida en Salamanca hacia 1475, que llegó a la corte de los Reyes Católicos y fundó en Madrid el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora —conocido popularmente como el Hospital de La Latina— junto a la plaza de la Cebada.

Galindo era llamada ‘La Latina’ por su dominio del latín, y lo que comenzó como un apodo personal acabó dando nombre primero al hospital, luego al barrio histórico donde este se levantaba y finalmente —cuando el Ayuntamiento dividió en tres el antiguo distrito de Carabanchel (Latina, Usera y Carabanchel)— al nuevo distrito del suroeste.

Curiosamente, el hospital que dio origen a todo fue demolido en 1904 para ensanchar la calle de Toledo. De aquel edificio gótico-mudéjar, diseñado por el maestro Hazan, solo sobrevivió la portada, que hoy puede verse en los jardines de la Escuela Superior de Arquitectura de la Ciudad Universitaria. El Teatro de La Latina ocupa ahora parte del solar. Pero el nombre viajó, se multiplicó, y terminó bautizando un distrito entero en la ciudad.
Aunque Latina nació oficialmente como distrito en 1976, su denominación administrativa es anterior. El nombre ya había sido utilizado en la división de Madrid de 1845, en la que se establecían 10 distritos. Décadas después, el Ayuntamiento recuperó esa denominación histórica para bautizar el nuevo distrito surgido de la reorganización administrativa del antiguo Carabanchel.
La puerta occidental de Madrid
El actual paseo de Extremadura fue durante siglos el arranque de la vía que conectaba Madrid con Extremadura y Portugal, y por ese eje transcurrió buena parte de la historia del territorio que hoy conocemos como Latina. Ventas, posadas, instalaciones militares, huertas junto al Manzanares y fincas de recreo de la nobleza fueron configurando este espacio de manera muy distinta al Madrid más central.
El Puente de Segovia fue construido por orden de Felipe II: las obras comenzaron en 1574 y las concluyó en 1584 Juan de Herrera, arquitecto del Monasterio de El Escorial. Unía la calle de Segovia con la carretera de Extremadura y era el único acceso permanente a Madrid desde el oeste.
Durante siglos, la ribera del Manzanares junto al puente fue también uno de los principales lavaderos de la ciudad. Las lavanderas trabajaban en este tramo del río desde la Edad Moderna y convirtieron esa zona en uno de los espacios más concurridos de la entrada occidental de Madrid.

Cerca del Puente de Segovia estaba la Puerta del Ángel, un acceso a la Casa de Campo construido durante el reinado de Carlos III, cuando se cercó el recinto real. Su nombre proviene de la Ermita del Santo Ángel de la Guarda, que desde el siglo XVI se levantaba en honor del patrón de los guardas de la Casa de Campo, y que fue demolida en 1783.
El barrio del Puerta del Ángel es probablemente el más antiguo de todo el distrito, y uno de sus vecinos más ilustres fue Francisco de Goya, que vivió en la Quinta del Sordo desde 1819 y allí pintó sus célebres Pinturas Negras.
La iglesia de Santa Cristina, un rincón neomudéjar poco conocido

Entre los edificios más singulares del distrito se encuentra la iglesia de Santa Cristina, construida en 1904 junto al antiguo asilo de párvulos promovido por la reina regente María Cristina de Habsburgo. Su arquitectura neomudéjar, inspirada en modelos toledanos, la convierte en uno de los templos más característicos del oeste madrileño y en uno de los mejores ejemplos de este estilo en el distrito.
Los combates de la Guerra Civil dejaron una huella especialmente profunda en esta zona. La carretera de Extremadura y la Casa de Campo fueron escenario de algunos de los enfrentamientos más intensos de los primeros meses de la contienda. En cuanto a la iglesia, obtendría su personalidad como parroquia en los años 50, después de la restauración llevada a cabo tras haber quedado arrasada durante la guerra.
Un aeródromo en el sur
En enero de 1911, una comisión militar propuso al Ministerio de la Guerra la adquisición de unos terrenos junto a la carretera de Extremadura para instalar la primera escuela de pilotos de España y un centro de pruebas de aeroplanos. El 7 de marzo de ese año entró en vigor el reglamento que creaba oficialmente el Aeródromo de Cuatro Vientos, y con él nació la aviación militar española. El 12 de marzo, el piloto Benito Loygorri Pimentel —primer español con licencia de vuelo, obtenida en Francia— estrenó las pistas con su aeroplano Henry Farman.

En Cuatro Vientos se formaron los primeros pilotos militares del país. Desde sus pistas salió en 1926 la Escuadrilla Elcano rumbo a Manila. En 1927, el primer vuelo comercial de Iberia entre Barcelona y Madrid aterrizó aquí ante el propio Rey Alfonso XIII. Juan de la Cierva probó su autogiro en este aeródromo. Y en 1914 se empezó a construir la Torre de Mando, la más antigua de España, declarada Bien de Interés Cultural, que guiaba a los aviadores desde lo alto y que todavía se mantiene en pie como testigo de todo aquello.
A ocho kilómetros de la Puerta del Sol, es el aeropuerto más antiguo de España sigue en funcionamiento. En sus instalaciones opera el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, uno de los más importantes de Europa en su especialidad. Los primeros domingos de cada mes —salvo enero y agosto— la Fundación Infante de Orleans organiza exhibiciones de aviones históricos en vuelo que trasladan a los visitantes a los primeros años de la aviación española.
Aluche, Campamento, Las Águilas: el Madrid que llegó del campo
El gran salto demográfico de Latina se produjo en los años 50, 60 y 70, cuando Madrid absorbió oleadas de familias procedentes de Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía y otras zonas de España. Barrios como Aluche, Las Águilas o Lucero pasaron de ser terrenos agrícolas o zonas casi deshabitadas a convertirse en barrios muy poblados en apenas una o dos décadas.
Aluche, el barrio con más población del distrito, con cerca de 69.000 habitantes, tomó su nombre del arroyo Luche que regaba antiguas huertas en la zona. Lo que antes eran quintas y campos de cultivo se transformó en el tejido residencial compacto que es hoy. Su tamaño y densidad llevaron a que durante décadas se hablara de Aluche casi como si fuera una pequeña ciudad dentro de Madrid.
Campamento recuerda en su propio nombre la razón de su origen: los cuarteles militares instalados en la zona desde finales del siglo XIX. La presencia castrense marcó el carácter del barrio y explica la vinculación histórica entre el distrito y las Fuerzas Armadas, un vínculo que el Ayuntamiento quiso reconocer expresamente en la gala del 50 aniversario.
Las colonias de posguerra
Latina fue escenario de algunos de los programas de vivienda impulsados para reconstruir Madrid tras la Guerra Civil. Colonias como Juan Tornero, Cerro Bermejo o Molinos de Viento acogieron a familias que habían perdido sus viviendas durante la guerra y a trabajadores llegados desde otras regiones.

Aquellos conjuntos residenciales, levantados entre los años cuarenta y sesenta, forman parte de la memoria urbana del distrito y anticiparon la gran expansión demográfica que llegaría después.
Caño Roto: cuando la arquitectura social hizo historia
Entre todos los barrios de Latina, hay uno que merece atención especial: el Poblado Dirigido de Caño Roto. Un auténtico referente de la vivienda social madrileña de la época, construido entre 1957 y 1963. El nombre de Caño Roto proviene de uno de los arroyos que discurrían por esta zona hacia el río Manzanares.
En la posguerra, Madrid tenía un problema urgente de vivienda. Decenas de miles de familias llegaban a la ciudad sin apenas recursos y se instalaban en asentamientos precarios. La respuesta institucional fue la creación de los llamados poblados dirigidos, y el de Caño Roto se convirtió en el más reconocido de todos.

Sus arquitectos, José Luis Íñiguez de Onzoño y Antonio Vázquez de Castro, apostaron por algo que entonces era poco habitual: en lugar de repetir dos o tres tipos de vivienda estándar, diseñaron un conjunto con ocho tipologías distintas —casas en hilera, bloques, torres, dúplex, viviendas con patio— y cuidaron el espacio público con la misma atención que los propios edificios. El resultado fue un barrio con escala humana y variedad tipológica que estudios de urbanismo de todo el mundo siguen citando como referencia de arquitectura social del siglo XX. El Museo Reina Sofía y el CEDEX, organismo público dependiente del Ministerio de Transportes, lo documentan como uno de los proyectos residenciales más relevantes de la España del siglo XX.
El sonido que nació en un barrio
Caño Roto no solo es relevante en términos urbanísticos. De esta zona surgió en los años 60 y 70 un fenómeno musical genuino, conocido popularmente como el ‘sonido Caño Roto’: una mezcla de flamenco, rumba, rock y soul que bebía de la raíz gitana y de los ritmos que llegaban con las familias emigradas. Ese sonido dejó huella en la música popular española de las décadas siguientes.

No es casual, entonces, que una de las entidades reconocidas en la gala del 50 aniversario fuera la Asociación Cultural Sonido Caño Roto, representada por su presidente José Ramón Jiménez, por su labor de preservación de la convivencia y la identidad cultural del distrito.
Latina hoy: el distrito más grande del suroeste
Con más 241.000 habitantes, Latina vive en la actualidad una gran transformación.
El Ayuntamiento está llevando a cabo el soterramiento de la A-5 y el futuro Paseo Verde del Suroeste. La autovía que desde 1968 parte en dos el territorio del distrito quedará enterrada, y en su lugar se creará un parque lineal de 3,2 kilómetros que conectará zonas hasta ahora cortadas por el tráfico.
Pero Latina ya cuenta con una zona verde de referencia: el Parque de la Cuña Verde, con 65 hectáreas, se extiende en forma alargada por los barrios de Lucero y Los Cármenes conectando la Casa de Campo con el Parque de San Isidro. Desde sus dos miradores —el Alto y el Bajo, a ambos lados de la calle Alhambra— se divisan la Catedral de la Almudena y el Palacio Real. Además, guarda también un vestigio histórico poco conocido: en el Cerro de la Mica se conserva un núcleo de fortines de la Guerra Civil, construidos por la División 18 del Ejército Nacional en 1938 aprovechando la privilegiada posición de altura del cerro como observatorio sobre las posiciones de defensa de la ciudad.

Parte de toda esta transformación urbana se puede ver en la exposición conmemorativa del Auditorio Paco de Lucía hasta el 15 de julio de 2026. La muestra repasa la metamorfosis urbana y social del distrito con fotografías históricas, planos y documentos que permiten comparar el Latina de hace 50 años con el de hoy.
Cincuenta años son poco tiempo para un territorio que lleva siglos funcionando como puerta de entrada a Madrid. Pero son suficientes para acumular historia e identidad que han convertido este trozo del suroeste en algo más que una demarcación administrativa.

