Entre abril y mayo, atendiendo a su ciclo biológico, lo normal es que estén descansando en paz, enterraditas, mientras se desarrolla la fase de crisálida que les permitirá, meses después, alzar el vuelo y poner los huevos en las zonas altas de los árboles. Son las orugas procesionarias del pino y, aunque la campaña para acabar con ellas finalizó hace semanas, los servicios municipales siguen alerta para atajar su presencia en las zonas verdes competencia del Ayuntamiento.