Además de la inmersión a fondo en el espíritu festivo, San Isidro es una de las ocasiones en las que Madrid muestra su cara más agradecida. Es el momento de reconocer a aquellos madrileños de nacimiento o adopción y a empresas y entidades sociales que, con su trayectoria, su implicación y su vinculación con la ciudad, forman parte ya de su historia.