La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, ha visitado esta mañana la exposición ‘Bellezas de un mundo flotante’. La muestra, que podrá visitarse entre el 12 de febrero y el 31 de mayo en la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (calle de Alcalá, 13), reúne 77 xilografías de los maestros clásicos de la edad de oro del grabado japonés, entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. ‘Bellezas del mundo flotante’, concebida por la Calcografía Nacional, ha sido organizada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid y la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza.

Rivera de la Cruz ha destacado la gran oportunidad que supone “asomarnos a una tradición artística de extraordinaria delicadeza y refinamiento, capaz de capturar lo efímero, la belleza cotidiana y la sensibilidad de toda una cultura”. Estas piezas, todas pertenecientes a la Colección Pasamar-Onila, única en el panorama de las colecciones de grabado japonés en España por su calidad, “dialogan con la historia del arte occidental y con nuestra propia mirada contemporánea”, en palabras de la delegada.

Entre los autores que forman parte de esta colección se encuentran nombres tan relevantes de la historia del arte japonés como Katsushika Hokusai, Kitagawa Utamaro y sus retratos de mujeres, el maestro paisajista Utagawa Hiroshige, el prolífico Utagawa Kunisada, Tsukioka Yoshitoshi, uno de los últimos grandes maestros del grabado tradicional ukiyo-e, o Uemura Shoen, primera mujer japonesa que alcanzó fama y reconocimiento como artista.

Una técnica única muy valorada

Estas exquisitas obras de arte fueron realizadas por expertos artífices que cortaban tacos con cuchillas, aplicando el procedimiento del grabado en madera al hilo. La identidad de muchos de aquellos virtuosos grabadores quedó oculta en la sombra de los ilustradores más famosos, cuyas composiciones luego transferían al taco los entalladores.

Concretamente, las imágenes de esta colección están enmarcadas en la especialidad bijin-ga, que remite a las cortesanas de alto rango de los barrios del placer, en particular las oiran del distrito de Yoshiwara en Edo, representadas solas o en compañía de sus jóvenes kamuro. Pero estos artistas no solo prestaron atención a las refinadas geishas, también plasmaron la belleza femenina en la vida cotidiana.

Esta especialidad la trataron todos los grandes maestros del grabado japonés, como corroboran las singulares estampas eróticas de la Colección Pasamar-Onila. Debido a su elevado precio, se alquilaban, además de venderse, y fueron un selecto regalo, pues eran tenidas por obsequios de buen augurio.

Durante el siglo XIX, en Occidente se despertó una fascinación por el mundo oriental. De hecho, el grabado japonés tuvo una enorme influencia en distinguidos pintores como Manet, Degas, van Gogh, Gauguin, Toulouse-Lautrec o Klimt. /