Antes de que se levante el telón, antes de que se apaguen las luces de una sala de cine e incluso antes de detenerse ante una vitrina, la experiencia cultural ya ha comenzado. Consultar qué apoyos ofrece una actividad, orientarse por un espacio, reconocer una voz o saber qué elementos hay alrededor condicionan también la posibilidad de disfrutar de la cultura. Veranos de la Villa ofrece este agosto varios ejemplos de cómo incorporar la accesibilidad a ese recorrido completo.
El próximo 21 de agosto, la función de Dos tronos, dos reinas comenzará para parte del público unos 90 minutos antes de la representación. En el claustro del IES San Isidro, las personas que participen en el paseo escénico podrán aproximarse previamente al universo que después encontrarán sobre las tablas. La actividad está dirigida a personas con discapacidad visual e intelectual y antecede a una función que contará además con audiodescripción, subtitulado, bucle magnético, sonido amplificado y accesibilidad para personas con movilidad reducida. Dos tronos, dos reinas se representa los días 20 y 21 de agosto, a las 21:30 horas.

El paseo permite transformar en referencias concretas parte de la información que durante una representación es esencialmente visual. El público puede conocer previamente a los intérpretes y escuchar las voces con las que después darán vida a sus personajes, acercarse a determinados elementos del vestuario y el atrezo y hacerse una composición de lugar de cómo es el espacio escénico. Incluso conocer la altura o complexión de los actores o aproximarse mediante el tacto a determinados elementos puede facilitar después su identificación cuando comienza la obra.
La audiodescripción completa esa información una vez iniciada la representación y traslada mediante la palabra aquellos elementos visuales necesarios para seguir la acción. El objetivo no es sustituir la experiencia escénica, sino proporcionar las referencias necesarias para que pueda ser disfrutada con mayor autonomía. Las dos funciones disponen de recursos de apoyo auditivo y la del día 21 concentra el dispositivo de accesibilidad más amplio del espectáculo.
Otra forma de mirar el cine
La accesibilidad puede empezar antes de una función. Y en el Centro Cultural Conde Duque, este agosto, también hay películas que empiezan antes de la proyección.
El Ciclo Inclusivo de Proyección Cinematográfica, organizado con el Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid (COPTOCAM), reserva la primera media hora de cada sesión a profesionales de la terapia ocupacional. A las 20:00 horas comienza la intervención previa; a las 20:30, la película. El ciclo se desarrolla en el Salón de Actos del Centro Cultural Conde Duque y la entrada es gratuita hasta completar aforo.
Tras las primeras sesiones del ciclo, con títulos como Una mente maravillosa, Campeones, Despertares o Billy Elliot, la programación continúa el 20 de agosto con El diario de Noa y el 22 con Intocable. El interés está precisamente en volver sobre historias que muchos espectadores conocen, pero hacerlo desde otra perspectiva: la de profesionales que trabajan alrededor de la autonomía, el entorno y la participación de las personas.
Durante esa media hora previa, la película se convierte en algo más que la historia que está a punto de proyectarse. La mirada se desplaza del protagonista hacia todo aquello que condiciona su vida: los apoyos que encuentra, las barreras que aparecen, la respuesta de su entorno o el papel que desempeñan los distintos profesionales. A partir de situaciones reconocibles para el espectador, el cine sirve así para hablar de salud mental, discapacidad, neurodiversidad, envejecimiento o participación social y para revisar algunas de las etiquetas con las que habitualmente se interpretan estas realidades.
“Queremos que el público se enfrente a la película con otra mirada, con las gafas de la terapia ocupacional. No queremos explicar lo que van a ver ni condicionar lo que cada persona vaya a sentir o interpretar, sino que puedan mirar lo que sucede en la pantalla desde una perspectiva diferente: qué está limitando realmente la participación de esa persona, qué papel juega el entorno o qué apoyos pueden marcar la diferencia”, explica María Pinar López, vicepresidenta del COPTOCAM.
Esa voluntad de ampliar la participación se traslada también a la propia organización de las sesiones. El espacio dispone de bucle magnético, sonido amplificado y ubicaciones para personas con movilidad reducida, junto con otras medidas de accesibilidad comunicativa vinculadas a la programación.
Además, todas las películas contarán con lengua de signos española (LSE) en el previo y con subtítulos en castellano adaptados o idiomáticos. De esta manera, la accesibilidad no queda únicamente en el contenido de las intervenciones previas, sino que acompaña también la experiencia de asistir a la proyección.
Una exposición que también se escucha
A pocos metros de la sala de proyecciones, otra propuesta muestra cómo trasladar al sonido una experiencia construida en buena medida sobre lo visual. La exposición Yo fui a EGB, abierta en Conde Duque hasta el 20 de septiembre, propone un viaje por los objetos, lugares y recuerdos cotidianos de varias generaciones. Para las personas ciegas o con baja visión, ese viaje comienza antes de llegar al primer objeto.
La primera audiodescripción no se detiene todavía en un juguete, un teléfono antiguo o los productos de un quiosco. Primero explica dónde está el visitante: cómo es la sala, cuál es su amplitud, cómo son sus techos y paredes, qué materiales predominan o de qué manera se distribuye el espacio. Son referencias que ayudan a construir mentalmente el lugar antes de comenzar a recorrerlo.

A partir de ahí, distintos códigos accesibles NaviLens permiten acceder desde el móvil a contenidos sonoros asociados a diferentes zonas de la muestra. La lógica avanza de lo general a lo particular: en lugar de tratar de describir cada objeto de una exposición especialmente abundante en estímulos visuales, los audios seleccionan las referencias fundamentales de espacios como el quiosco, la cocina o los murales temáticos. El visitante dispone así de un contexto previo desde el que continuar explorando y relacionando los distintos elementos.
La experiencia ha revelado, además, un uso que desborda al público para el que inicialmente fueron concebidas estas herramientas. Según el equipo de la Subdirección de Acción Social y Transparencia de la que depende el Área de Accesibilidad de Madrid Destino, responsable de la gestión y coordinación de estas actividades en Veranos de la Villa, las audiodescripciones están siendo consultadas también por personas sin discapacidad.
Tanto es así, que han registrado más de 2.500 accesos a los códigos accesibles NaviLens en lo que lleva abierta al público la exposición. Dichos visitantes recurren a ellas para detenerse en detalles que quizá habrían pasado inadvertidos durante una visita convencional. Una solución diseñada para eliminar una barrera termina ofreciendo así otra manera de descubrir la exposición.
Algo parecido sucede con otros recursos. El sonido amplificado puede ayudar también a personas mayores o a espectadores que necesitan escuchar con mayor claridad una representación. La audiodescripción, concebida principalmente para trasladar información visual a personas ciegas o con baja visión, puede facilitar igualmente la comprensión de la acción a determinadas personas con discapacidad intelectual. Los subtítulos o la lengua de signos, por su parte, aparecen cada vez con mayor naturalidad en diferentes propuestas culturales.
Lo que ocurre antes de que llegue el público
La tecnología, sin embargo, explica solo una parte del proceso. Una parte mucho menos visible de la accesibilidad se desarrolla antes de que llegue el público.

Comienza en la propia información de la programación, que permite conocer con antelación qué apoyos ofrece cada actividad, y continúa en el funcionamiento de los espacios. El personal auxiliar debe conocer los dispositivos disponibles y saber cómo proporcionarlos; los equipos técnicos tienen que prever las necesidades de sonido, subtitulado, lengua de signos o audiodescripción; producción organiza accesos y ubicaciones; y las propias compañías participan cuando una propuesta requiere adaptar algún elemento o incorporar actividades como un paseo escénico.
La formación del personal resulta por eso tan importante como la presencia de un dispositivo concreto. Acciones que hace algunos años podían recaer casi exclusivamente en profesionales especializados se van incorporando progresivamente al funcionamiento ordinario de los espacios: entregar un apoyo auditivo, acompañar a una persona hasta una localidad accesible, explicar qué recursos están disponibles o prever desde el comienzo las condiciones que necesitará una determinada actividad.
En esta línea, la vicepresidenta de COPTOCAM defiende que la accesibilidad debe incorporarse desde la planificación de la propia experiencia cultural, sin esperar a conocer qué personas acudirán o qué necesidades concretas surgirán. Pinar considera que las medidas impulsadas por Madrid Destino amplían las oportunidades de participación y permiten avanzar hacia lo que define como “entornos y experiencias diseñados para la diversidad humana”.
Ese cambio transforma también la percepción del público. Encontrar subtítulos, intérpretes de lengua de signos, audiodescripción u otros apoyos deja poco a poco de resultar excepcional. Y esa normalización permite que las personas con discapacidad participen de la misma programación cultural que el resto del público, sin necesidad de acudir a una oferta separada, al tiempo que otros espectadores descubren recursos que también pueden enriquecer su experiencia.
Cine, teatro y exposiciones plantean necesidades diferentes y requieren respuestas distintas. Unas veces será una voz que describe aquello que ocurre sobre un escenario; otras, unos subtítulos, un dispositivo que acerca el sonido, una intérprete de lengua de signos o un audio que permite hacerse una composición mental de un espacio antes de recorrerlo.
Pero detrás de todas ellas hay una misma idea: la accesibilidad no empieza cuando aparece una barrera, sino cuando se piensa de antemano cómo van a participar las personas. Integrarla en la información, la producción, la técnica y la atención al público amplía las posibilidades de elegir y disfrutar de la cultura y permite avanzar hacia una programación en la que la participación de las personas con discapacidad forme parte, sencillamente, de la experiencia cultural de Madrid.

