Desde su inauguración en 1781, la Fuente de Cibeles ha sido testigo de muchos de los momentos importantes de la historia de Madrid. A principios de junio fue uno de los escenarios de la visita del Papa León XIV y, hace apenas unos días, se llenó de aficionados para recibir a los jugadores de la selección española tras ganar el Mundial.

Todos estos eventos, junto al paso del tiempo, han dejado huella en el monumento, que a lo largo de los años ya ha sido restaurado varias veces. Ahora, el Ayuntamiento de Madrid vuelve a someterla a un proceso de restauración que tiene un coste de adjudicación de cerca de 260.000 euros y un plazo de ejecución de cinco meses, financiado en su totalidad por L’Oréal Groupe España, que ya colaboró en la restauración de Notre-Dame de París y de la Fuente de Neptuno.

Lona ilustrada de la Fuente de Cibeles cubriendo el andamio durante su restauración
La lona que envuelve el andamio recrea la imagen de la fuente mientras dura la restauración.

La restauración también ha abierto al público a través del programa ‘Abierto por Restauración’, con 176 visitas guiadas y 2.640 plazas gratuitas para conocer desde dentro los trabajos de conservación. Las plazas, que podían reservarse desde el 23 de julio, se agotaron poco después de su apertura.

Un monumento con más de dos siglos de historia

La Fuente de Cibeles fue diseñada en 1777 por el arquitecto Ventura Rodríguez, dentro de un proyecto más amplio para embellecer el paseo del Prado con tres fuentes dedicadas a los elementos de la naturaleza. A Cibeles, diosa de la Tierra en la mitología, le correspondió representar precisamente ese elemento, mientras que Neptuno, en el otro extremo del paseo, representa el Agua.

La escultura se labró en mármol de Montesclaros (Toledo) y participaron varios artistas: Francisco Gutiérrez esculpió la figura de la diosa, con su corona turriforme (en forma de torre), su cetro y las llaves de la ciudad, así como las ruedas del carro; Roberto Michel se encargó de los dos leones, llamados Hipómenes y Atalanta; y Miguel Ximénez talló la decoración del carro. La obra quedó terminada e instalada a finales de 1781, aunque entonces se encontraba en su ubicación original, junto al comienzo del paseo de Recoletos.

No fue hasta 1895 cuando la fuente se trasladó al lugar que ocupa hoy, en el cruce del paseo del Prado con la calle de Alcalá, cambiando también su orientación. En ese traslado se añadieron los dos niños que decoran la parte trasera del carro y se elevó el conjunto sobre una plataforma rodeada de una verja artística.

Desde entonces, ha sido restaurada en varias ocasiones, entre ellas en 1980 y en 2016. Hoy, integrada en el Paisaje de la Luz, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2021, la Fuente de Cibeles sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de Madrid.

¿Por qué se restaura ahora?

El proyecto se apoya en un estudio previo hecho el año pasado por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano, con el objetivo de evaluar cómo estaba conservada la obra. El estudio concluyó que el conjunto escultórico se encuentra en un estado aceptable, aunque presenta un desgaste normal debido a que está a la intemperie, expuesta a la contaminación y a factores ambientales como los cambios bruscos de temperatura, el viento, la lluvia o las heladas.

Vista desde dentro del andamio de la escultura de la diosa Cibeles y los leones de la fuente
Así se ve la fuente desde dentro de la estructura instalada para los trabajos de restauración.

En concreto, el estudio permitió detectar acumulación de suciedad, grietas y fisuras, óxido en las piezas metálicas, zonas de piedra dañadas, y reparaciones y morteros antiguos en mal estado en algunas zonas del conjunto. Todo esto indicaba que hacía falta una intervención integral, es decir, que abordara todos estos problemas a la vez.

¿En qué va a consistir la restauración?

Los trabajos de conservación incluirán varios procesos, y empezarán con una limpieza preliminar para retirar de la superficie de la obra los excrementos de aves y los restos orgánicos que se han quedado pegados.

Limpieza de la superficie de piedra

El objetivo es eliminar la suciedad para conservar mejor el monumento y que se vea tal y como es. Para ello se usarán distintos métodos, según las características de cada zona, el tipo de mármol de cada una y lo pegada que esté la suciedad.

Cuando la suciedad es superficial, se elimina de forma sencilla con un cepillado suave. En las zonas con suciedad más resistente, en cambio, se usará, entre otras técnicas, la micro-proyección, que consiste en aplicar aire comprimido a baja presión para no dañar la piedra. Esta técnica se puede combinar con herramientas como la espátula o el bisturí.

Uno de los responsables de la suciedad más difícil de eliminar es el polvo del Sáhara, que con el tiempo deja sobre la piedra un estrato de color pardo-anaranjado.

Eliminación de microorganismos

Tras estudiar e identificar qué tipo de musgo, líquenes u otros microorganismos han colonizado la piedra en cada caso, se aplicará el tratamiento más eficaz y sostenible para eliminarlos.

Tratamiento de las juntas

Para proteger la escultura de que le entre agua, hace falta un trabajo minucioso de tratamiento de las juntas (las uniones entre los bloques de piedra) y de sellado de todas las pequeñas fisuras que tiene.

En general, las juntas del monumento tienen una primera capa de mortero de color pardo y, debajo, una segunda capa de resina epoxi, un material muy resistente y duradero, capaz de mantener las uniones estables durante mucho tiempo.

Detalles del proceso de restauración del monumento.

En este caso, se ha decidido conservar la capa de resina epoxi, ya que, aunque tiene grietas en algunos puntos, sigue funcionando bien. Retirar esta resina, ya endurecida por el paso del tiempo, podría poner en riesgo la integridad de la piedra. Aun así, se aplicará sobre ella mortero de cal (el material tradicionalmente usado para sellar las juntas entre los bloques de piedra) para cerrar las fisuras.

Por otro lado, en las zonas donde el estudio previo detectó que se había usado un mortero inadecuado, se retirará mediante procesos mecánicos de precisión, como cinceles finos o vibroincisores (herramientas que funcionan con aire comprimido), que permiten eliminar esos morteros sin dañar el material original.

Recuperación de las piezas metálicas

La Fuente de Cibeles cuenta con pletinas de hierro que cumplen una función técnica importante: garantizan que el conjunto esté bien estable y nivelado. Estas piezas presentan un alto grado de desgaste y oxidación como consecuencia de la humedad y la contaminación atmosférica a las que llevan expuestas mucho tiempo. Por eso, primero se eliminará el óxido y, después, se aplicará un tratamiento para frenar el proceso de corrosión.

El equipo de restauradores realizando trabajos en la fuente.

Mejora y control de la estabilidad

Para mejorar la estabilidad, se rellenarán los espacios libres que hay bajo la piedra, generando puntos de apoyo que ayuden a corregir la inestabilidad que existe. Además, se instalará un sistema para analizar cómo evoluciona este proceso: en la galería inferior de la fuente se colocará un sensor electrónico conectado a dos sensores de fisuras. Los datos que se obtengan permitirán conocer las condiciones de estabilidad del conjunto y, si hiciera falta, aplicar soluciones adicionales.

Retoques de color y protección final

Se hará un ligero retoque de color en aquellas superficies donde el contraste con el original sea muy alto. Este retoque se hará con pintura al silicato (pintura mineral que se adhiere químicamente a la piedra), aplicada con técnicas de estarcido o punteado, es decir, con pequeños toques de color. Por último, se aplicarán productos hidrofugantes, que repelen el agua y evitan así el desgaste que provocan la humedad, los contaminantes del aire y la lluvia.