Ya lo decía la versión del grupo Sidecars del famoso chotis Madrid, de Agustín Lara: “cuando marches de Madrid, chulita mía, acostúmbrate a las ganas de volver”. Una realidad con fondo musical que aplica tanto a los gatos (que los hay) emigrados a otras latitudes, como a madrileños de acogida que han dejado su corazón en la ciudad, o a turistas rendidos a los encantos castizos. Pues esa morriña parece aplicar, ahora también, a las nutrias.
El pasado 19 de abril las cámaras municipales avistaron un ejemplar de este mamífero en el Manzanares, concretamente en las inmediaciones de la presa 6, en el tramo que está entre el Puente Oblicuo y la pasarela de Andorra, delimitando los distritos de Arganzuela y Latina. Esta constatación visual se produjo tras semanas de ver huellas y excrementos de nutrias por la ribera, a modo de marcaje territorial. La importancia de este hecho radica en que hacía 50 años que estos animales habían desparecido del río por completo y, hasta ahora, no había vuelto a haber certeza de su presencia en la ciudad, más allá de tres avisos puntuales desde 2019.
En el caso de las nutrias, un animal considerado inteligente y bioindicador (cuya presencia o ausencia señala la salud del medioambiente en un punto), su regreso a la capital no se deberá tanto a una cuestión de añoranza romántica como a la mejora ambiental que vive el río en los últimos años, impulsada por políticas municipales responsables y respetuosas con los ecosistemas y la recuperación de la flora y la fauna del Manzanares y su entorno. Su reaparición es una confirmación de que el río vuelve a ofrecer unas condiciones adecuadas para la vida animal, con una buena calidad del agua y disponibilidad de alimento y refugios naturales en los que guarecerse y protegerse.
Reconquistando un icono para la capital
El hecho histórico del avistamiento de ‘Chulita’, como hemos bautizado en esta redacción a la nutria, responde a un compromiso municipal con la recuperación y renaturalización de este afluente del Jarama, que quiere dejar atrás cinco siglos de menosprecio de propios y extraños, y recuperar para Madrid el patrimonio natural fluvial, devolviéndole al río su estatus como icono de la ciudad. Además, desde la creación de Madrid Río, las riberas del Manzanares y los barrios colindantes se han convertido en una de las zonas más atractivas para vivir, pasear y convivir con los vecinos; y en un polo de atracción para locales y visitantes.

Poco a poco, quedarán en el olvido las míticas burlas derivadas de su escaso caudal y de la poca vida que albergaba provenientes de personajes como el emperador Rodolfo II que aseguró que el Manzanares “es el mejor río del mundo por ser el único navegable a caballo”; Quevedo, en el Siglo de Oro, que lo llamó “arroyo, aprendiz de río”, o Rafael Alberti, quien llegó a escribir de él que era un “pobrecito río, donde botan los barquitos los chiquillos”.
Reintroducción de peces y recuperación del hábitat, claves del milagro fluvial
Aunque el Manzanares nunca llegará a ser el Amazonas (ni por caudal ni por biodiversidad) ni falta que hace, el hallazgo de nutrias en su tramo urbano de 7,5 kilómetros confirma que las políticas de renaturalización y restauración emprendidas por el Ayuntamiento de Madrid están dando sus frutos.
A las primeras maniobras iniciadas en 2016 de apertura de sus presas, que favorecieron la recuperación del ritmo normal del río y la formación de bancos de arena e islitas naturales, le han seguido las políticas medioambientales impulsadas por el actual equipo de Gobierno municipal, a instancias del Área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad que dirige Borja Carabante.

Conservación y mantenimiento
Entre ellas, destacan actuaciones como la puesta en marcha y prórroga del contrato de conservación del río, que permiten garantizar la protección del mismo desde un punto de vista medioambiental e hídrico, mantener sus ecosistemas y sus instalaciones asociadas, así como avanzar en el control y calidad de sus aguas partiendo de análisis fisicoquímicos y microbiológicos, que demuestran una mejora de la calidad de las aguas por mayor oxigenación y reducción del nitrógeno total disuelto.
Se han garantizado también, en los últimos años, el cuidado de la vegetación de las márgenes, el mantenimiento de los equipos de regulación del caudal, el telecontrol, y la vigilancia, y el seguimiento de su fauna piscícola y avícola, junto a un control de especies invasoras.
Reintroducción de especies
Poco a poco, el Manzanares ha experimentado una progresiva recuperación de biodiversidad, con la presencia de aves, reptiles, pequeños mamíferos y diversas especies de peces, desaparecidas durante décadas por las alteraciones sufridas en su hábitat.
En los últimos dos años se han soltado en el caudal del río especies protegidas y vulnerables como las bogas, las bermejuelas, las colmillejas y el cacho. Todas ellas habitaron el río hasta mediados del siglo XX. La última suelta de estas especies, en concreto, de las tres últimas mencionadas, se realizó en mayo de este año. Además de estas especies, la fauna acuática ha experimentado una recuperación notable en la figura de carpas y barbos, sobre todo, que resultan un bocado esencial para las nutrias, sin ir más lejos.
Las aves en el entorno del Manzanares suman hasta 50 especies, destacando el ánade real, garzas reales, garcetas, gallinetas, chorlitejos, tres variedades de gaviota, el andarríos chico, el martín pescador, las lavanderas blancas y cascadeñas, o el ganso del Nilo, entre otras.
Destaca también la población de gorriones comunes, verdecillos o jilgueros que se alimentan, en buena parte de la vegetación propia de la ribera del río, como eneas, sauces y fresnos. Estas especies vegetales conviven con gramíneas, leguminosas, malvas, jaramagos, amapolas, cardos, etc.
En el Manzanares madrileño han reaparecido también galápagos leprosos, culebras viperinas, topillos, erizos o ratones de campo.
Residuos y sensibilización
Otras medidas adoptadas para avanzar en la renaturalización del Manzanares a su paso por la capital son la eliminación de residuos del cauce y de las riberas de manera periódica para garantizar unos niveles ecológicos óptimos.
A esta medida le acompañan las campañas de sensibilización y vigilancia encaminadas a reducir la generación de residuos, o la necesidad de conservación de la fauna autóctona, reforzando así la eficacia de las medidas de restauración ecológica de este entorno.
Fruto del empeño municipal y de estas campañas que involucran a los ciudadanos e incrementan su concienciación medioambiental, la renaturalización del Manzanares a su paso por el núcleo urbano ha demostrado que es posible la recuperación de ecosistemas que se daban por perdidos, incluso en el corazón de una gran capital europea.

Una nueva postal de la ciudad
Gracias a la sensibilidad y responsabilidad de los implicados, y a las intervenciones acometidas, Madrid recupera un motor de vida y de bienestar que ha estado olvidado durante mucho tiempo.
Ojalá que nunca más la ciudad viva de espaldas a su río, y que imágenes hasta ahora impensables como la de ver nutrias nadando con el Palacio Real de fondo, bajo el puente de Segovia, o a los pies de San Antonio de la Florida, sean cada vez más cotidianas.

Vayan preparando las cámaras de los móviles porque parece que tendremos una nueva postal del Madrid que llega, una ciudad cada día más verde, habitable y humana.












