Hace tres siglos, a orillas del Manzanares, se levantó una pequeña ermita dedicada a San Antonio de Padua que dio origen a una de las tradiciones más arraigadas de Madrid. Cada 13 de junio, jóvenes acudían en romería a este enclave para pedirle al santo buenos deseos en el amor.
Casi trescientos años después, esa fecha sigue marcando una de las celebraciones más castizas y queridas de la capital. Aunque apenas se conserva la ermita primitiva, el espíritu de aquella tradición permanece vivo en la actual Ermita de San Antonio de la Florida, el templo que Francisco de Goya convirtió en una obra maestra y cuya conservación vuelve a situarse en el centro de la actualidad gracias a la reciente restauración impulsada por el Ayuntamiento de Madrid, Patrimonio Nacional y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
El pasado 12 de junio, la ermita reabrió sus puertas tras una importante actuación de conservación y mejora destinada a garantizar la preservación de este conjunto histórico y artístico, uno de los grandes tesoros patrimoniales de la ciudad.
Una inversión para asegurar su futuro
La actuación ha supuesto una inversión de 2,2 millones de euros por parte de Patrimonio Nacional, propietario del edificio, destinada a una rehabilitación integral del inmueble y a la recuperación de diversos elementos históricos originales. Los trabajos se han centrado en mejorar la conservación estructural del edificio y adaptar sus instalaciones a las necesidades actuales de preservación que garantice que puedan visitarse los célebres frescos de Goya.
Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid ha completado la renovación museográfica del espacio, actualizando el mobiliario y los recursos expositivos de la ermita para facilitar la visita y mejorar la difusión de sus valores históricos y artísticos. La intervención municipal busca hacer más accesible este espacio sin alterar su esencia y reforzar su papel como uno de los grandes atractivos culturales de la ciudad. En 2024 recibió cerca de 107.000 visitantes, consolidándose como uno de los espacios museísticos municipales más visitados de Madrid.
El panteón de Goya
La historia de la ermita está indisolublemente ligada a la figura de Francisco de Goya. Entre 1792 y 1798, por encargo de Carlos IV, el arquitecto Filippo de Fontana levantó el edificio actual, mientras que Goya recibió la responsabilidad de decorar su interior.
El resultado fue una de las obras cumbre de la pintura española. La cúpula representa el milagro de San Antonio de Padua, pero con una innovación revolucionaria para la época: Goya trasladó a personajes populares madrileños al centro de la escena, alejándose de las representaciones religiosas tradicionales y acercando la espiritualidad a la vida cotidiana.
El artista llenó la bóveda de vendedores, lavanderas, majos y curiosos que observan la escena desde una barandilla ilusoria, creando una sensación de profundidad y movimiento inédita para finales del siglo XVIII.
Más de un siglo después de su fallecimiento, la ermita se convirtió también en el lugar de descanso definitivo del artista. El traslado de sus restos desde la ciudad francesa de Burdeos, donde pasó sus últimos años y murió en 1828, estuvo rodeado de numerosas vicisitudes y abrió un intenso debate sobre dónde debía reposar uno de los mayores genios de la pintura española: si en Zaragoza, en la basílica del Pilar, o en Madrid, junto al río Manzanares que tantas veces inspiró sus lienzos.
Finalmente, se optó por la capital y surgió la idea de transformar la ermita en un museo dedicado a Goya, una decisión que resultó decisiva para garantizar la conservación de sus pinturas.
Mientras el templo mantuvo su función parroquial, la tumba permaneció oculta bajo un entarimado de madera para no interferir en las celebraciones litúrgicas. Fue en 1928, coincidiendo con el centenario de la muerte del pintor, cuando los oficios religiosos se trasladaron a una iglesia gemela construida junto a la original. Desde entonces, la Ermita de San Antonio de la Florida quedó reservada como museo y mausoleo, lo que permitió proteger adecuadamente tanto los frescos como el legado artístico de Goya del humo de las velas y el incienso propio de las misas.
Además de la relevancia artística del templo, el espacio desarrolla una intensa actividad cultural y educativa mediante visitas guiadas, conciertos, actividades familiares y la convocatoria anual del Premio de Pintura San Antonio de la Florida.
La ermita puede visitarse gratuitamente de martes a domingo de 9:30 a 19:00 horas.
La primera verbena del verano madrileño
Las Fiestas de San Antonio de la Florida ocupan un lugar privilegiado en el calendario festivo de la ciudad porque, para muchos madrileños, suponen el inicio de la temporada de verbenas de verano.
Con el paso del tiempo, la celebración ha sabido renovarse incorporando actividades deportivas, propuestas familiares y conciertos que llenan de vida el parque de la Bombilla y sus alrededores. Sin embargo, conserva intactas algunas de sus tradiciones más populares.
La más conocida es el ritual de los alfileres. Según la costumbre, quienes desean conocer el número de pretendientes que tendrán a lo largo del año deben introducir la mano en la pila de agua bendita y comprobar cuántos alfileres quedan adheridos a la palma.
Claveles, trajes castizos y el ambiente festivo convierten cada 13 de junio en una cita imprescindible que conecta a los madrileños con tres siglos de historia.
Goya en Madrid
Si el Museo del Prado es el lugar por excelencia para admirar la obra de Goya, la Ermita de San Antonio de la Florida es sin duda el que ocupa la segunda posición. Ahora se le añade en Madrid el Museo de Historia que acoge la exposición ‘Goya y las escuelas italiana y flamenca. Un siglo de filantropía de Carlota de Santamarca y Antonia González‘.

Entre las pinturas más importantes, figuran seis pequeños óleos de Francisco de Goya realizados entre 1785 y 1786, agrupados bajo la denominación de Juegos de niños. Estas escenas infantiles —en las que los niños juegan al toro, a soldados, a pídola, buscan nidos entre ruinas o se disputan unas castañas— son un fiel testimonio de la vida cotidiana en la España ilustrada.
La colección puede visitarse de manera gratuita en el Museo de Historia de Madrid hasta el 23 de septiembre.











