Nave 10 Matadero, espacio de dramaturgia contemporánea del Área de Cultura, Turismo y Deporte, acoge el estreno absoluto de Niebla, versión escénica dirigida por Fernanda Orazi a partir de la novela homónima de Miguel de Unamuno, que podrá verse del 20 de marzo al 12 de abril en la Sala Max Aub. La propuesta parte de uno de los textos más singulares de la literatura española del siglo XX para llevar a escena una reflexión, no exenta de humor, sobre la identidad, el destino y los límites entre realidad y ficción.

Publicada en 1914, Niebla supuso una ruptura con el realismo dominante de su tiempo. En ella, Unamuno introduce al personaje de Augusto Pérez, un joven adinerado que vive sumido en la duda y la introspección, intentando comprender su lugar en el mundo. Tras el abandono de su novia, su crisis existencial lo conduce a rebelarse contra su propio autor, quien le revela que no es dueño de su destino puesto que no es más que un personaje de ficción. Esta premisa —el encuentro entre creador y criatura— se convierte en el eje central de una obra que difumina las fronteras entre vida y literatura.
La adaptación dirigida por Fernanda Orazi, directora invitada en Nave 10 esta temporada, toma como punto de partida ese juego metaficcional para trasladarlo al lenguaje de la escena. Inspirada especialmente en la figura de Augusto y en la visión trágica de su existencia, la propuesta se adentra en la relación entre autor, personaje y espectador, construyendo una experiencia teatral que indaga en el misterio de la identidad y el lugar que ocupamos dentro de nuestra propia historia.
En escena, Carmen Angulo, Javier Ballesteros, Leticia Etala, Pablo Montes y Juan Paños dan vida a un universo donde los personajes van edificando la realidad y dialogan sobre los grandes interrogantes de la existencia: el amor, el destino, la libertad o el sentido de la vida. El personaje de Augusto, afirma Orazi, conmueve precisamente por su modo de existir: “nos necesita para existir”, porque su identidad depende de la mirada de los otros y de la propia ficción que lo sostiene.
Todo ello construido desde una mirada tragicómica, atravesada por la ironía y el humor, elementos que permiten tomar distancia frente al vértigo del vacío. Porque, para Fernanda Orazi, “el humor no suaviza lo trágico, lo ilumina. Es una forma de lucidez, un lugar que permite mirar de frente el absurdo de existir”. /

