El 1 de marzo, los países del sureste de Europa dan la bienvenida a la primavera con el Mărțișor, una de las mayores tradiciones de la región de los Balcanes. La concejala de Chamartín, Yolanda Estrada, junto a representantes de las embajadas de Rumanía, Bulgaria y Moldavia, ha inaugurado hoy un taller, en el Centro Cultural Nicolás Salmerón, en el que decenas de familias han elaborado el Mărțișor, un amuleto con forma de cordón blanco que celebra el despertar de la naturaleza tras el invierno y que se entrega como gesto de aprecio, cariño y buenos deseos. Está reconocido por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, ya que hunde sus raíces en creencias agrarias precristianas.

Estrada ha afirmado que “Chamartín es un distrito abierto y orgulloso de acoger iniciativas que fomentan el respeto, el conocimiento mutuo y el intercambio cultural”.

Esta iniciativa se adhiere a otras acciones organizadas por la junta en colaboración con las embajadas ubicadas en el distrito. En abril de 2025, por ejemplo, se organizó un taller de huevos de Pascua y una muestra de trajes, junto a la Embajada de Rumanía y el Instituto Cultural Rumano en Madrid. En esta ocasión, se han sumado, también, las asociaciones Hispano Rumana Salva y Balcan.

Tradición arraigada en la memoria cultural del sureste de Europa

En 2017, la Unesco reconoció el valor de esta tradición al inscribir las ‘Prácticas culturales asociadas al 1 de marzo’ en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, gracias a una candidatura conjunta de Rumanía, Moldavia, Bulgaria y Macedonia del Norte. Este reconocimiento subraya no sólo su antigüedad, sino también su vigencia y su poder de cohesión social.

A lo largo del tiempo, la tradición ha evolucionado, incorporando amuletos de distintos materiales y dando lugar a una rica variedad de expresiones artesanales que mantienen viva su esencia. El Mărțișor se lleva durante el mes de marzo y, siguiendo la costumbre, se retira únicamente al divisar la primera cigüeña o el primer árbol en flor. En ese momento, se ata a las ramas de un frutal, acto cargado de simbolismo y buenos augurios, especialmente si va acompañado de un deseo. La creencia popular asegura que ese deseo se cumplirá. /