Nave 10 Matadero, espacio de dramaturgia contemporánea del Área de Cultura, Turismo y Deporte, acoge a partir del 6 de febrero el estreno absoluto de Tres noches en Ítaca, la nueva obra del dramaturgo Alberto Conejero, dirigida por María Goiricelaya. Una tragicomedia íntima que transita entre el duelo y la risa inesperada, entre la memoria y la posibilidad de renacer, y que propone una mirada humana sobre los vínculos familiares. En escena, Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde encarnan a las tres hermanas protagonistas.

La obra parte de un viaje: el de tres hermanas que, después de mucho tiempo sin verse, se reúnen en la isla de Ítaca tras la muerte de su madre, Alicia, una profesora de griego clásico que años atrás decidió abandonarlo todo y establecerse allí. Lo que comienza como un encuentro marcado por la ausencia, se transforma en un espacio para revisar el pasado, nombrar lo que no se dijo a tiempo y preguntarse qué significa seguir adelante cuando ya no hay respuestas. Tres noches en Ítaca habla de la familia como un organismo complejo, contradictorio e imperfecto, donde el amor convive con el reproche y el cuidado adopta formas que no siempre sabemos reconocer.
El texto de Alberto Conejero construye una propuesta atravesada por la memoria, el duelo y lo cotidiano, en un delicado equilibrio entre lo doloroso y lo torpe, entre Homero y el papeleo administrativo. Ítaca no es aquí un lugar al que llegar, sino el gesto de detenerse, escuchar el silencio y atender a aquello que quizá todavía puede decirse.
Para la directora, María Goiricelaya, la obra propone una mirada bondadosa hacia quienes nos precedieron, una invitación a reconocer a madres y padres como personas completas, con deseos, contradicciones y sueños propios. En escena, las tres hermanas se ven obligadas a reformular su constelación familiar, a vivir el duelo y la ausencia y a reconciliarse con aquello que las constituye. Un proceso de renacer complejo, atravesado por el perdón, el autoconocimiento y la necesidad de permanecer juntas mientras atraviesan lo irreparable.
Por su parte, Alberto Conejero define la pieza como una oportunidad para nombrar los silencios que atraviesan nuestra vida. “El silencio es elocuente y todos arrastramos cicatrices de silencio, pero también creo que siempre estamos a tiempo de nombrar”, señala el dramaturgo, subrayando la capacidad mágica del teatro, donde incluso los ausentes, los que ya no están, pueden brindarnos una nueva oportunidad. Ítaca aparece, así, como símbolo de la propia vida: punto de partida y de llegada, puerto y travesía, un lugar que nos pregunta qué hemos hecho con nuestro viaje.
En un mundo que exige velocidad, eficacia y éxito, Tres noches en Ítaca ofrece lo contrario: parar, escuchar y fracasar juntos. No ofrece consuelo, sino algo más frágil y quizá más necesario: la posibilidad de cuidarnos mientras atravesamos la herida.
La obra es una producción de NAVE 10 Matadero y Octubre Producciones y podrá verse del del 6 de febrero al 8 de marzo en la sala Max Aub, con funciones de martes a domingos./

