La palabra teleférico proviene de las raíces griegas tēle (τῆλε: a distancia) y pherein (φέρω: llevar, cargar). Estos cubículos en serie funcionan como ‘ascensores’ entre dos puntos que necesitan salvar una altitud pronunciada. Actualmente, el teleférico del Glaciar Dagu (Dagu Glacier Gondola) en Sichuan, China, es el más alto del mundo, con su estación superior situada a una altitud de 4.843 a 4.860 metros sobre el nivel del mar.

Imagen del Teleférico de Madrid, antes de su remodelación
Imagen del Teleférico de Madrid, antes de su remodelación

A principios del siglo XX, con la industrialización, el avance de los transportes y el auge de la clase media, los teleféricos empezaron a utilizarse como vehículo de personas, pero también como atracción turística. El primero de estos mecanismos fue construido en 1644 por Adam Wybe, en Danzing (Alemania). Consistía en un artefacto tirado por caballos que movía tierra hasta un punto más alto para construir estructuras defensivas.

Aunque el prototipo evolucionó, en España tuvimos que esperar algunos siglos. Concretamente, hasta que el ingeniero Leonardo Torres Quevedo inventó y patentó un sistema moderno de teleférico en 1887. De hecho, el primer vehículo aéreo del mundo conectado por cables que transportó pasajeros fue también obra suya. Unía un restaurante con el Monte Ulía (San Sebastián) y se levantó en 1907.

Plano de cabinas del Teleférico, inaugurado en 1969
Plano de cabinas del Teleférico, inaugurado en 1969

Toda una institución: el Teleférico de Madrid

Desde su creación, el Teleférico de Madrid, se ha convertido en todo un atractivo turístico. Cualquier visitante (o local) que quiera disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad solo tiene que montarse y dejarse llevar.

Con las directrices técnicas de la empresa suiza Von Roll y bajo la supervisión del Ministerio de Obras Públicas, su construcción comenzó a mediados de 1968 y concluyó en el plazo de un año con una inversión de 100 millones de pesetas.

Postal de 1969 con la imagen del recién estrenado teleférico. Imagen de archivo de Memoria de Madrid
Postal de 1969 con la imagen del recién estrenado teleférico. Imagen de archivo de Memoria de Madrid

Aunque la inauguración estaba prevista en mayo, coincidiendo con la festividad del patrón San Isidro, se aplazó debido a la queja de algunos vecinos. Alegaban que las instalaciones no respetaban la intimidad de sus hogares. El 26 de junio de 1969, Carlos Arias Navarro, alcalde de Madrid, inauguraba la instalación, que se convertía en un emblema de la ciudad desde entonces.

No es para menos: una vez se accede por Pintor Rosales, el usuario disfruta de un mirador en movimiento. Desde sus cabinas se obtiene una magnífica vista del lado oeste de Madrid. A vista de pájaro se observa la Torre de Madrid, el Edificio España, el Palacio Real, la Catedral de la Almudena y, por supuesto, la enorme arboleda de la Casa de Campo. El trayecto entre ambas estaciones (Parque del Oeste-Casa de Campo) con casi 2,5 kilómetros de distancia y una altura máxima de 40 metros, se realizaba en 11 minutos.

Más sostenible, mejor visibilidad y accesibilidad

La Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT Madrid), como entidad gestora de Teleférico de Madrid, ha comenzado la renovación integral de esta instalación. Tras meses de planificación y desarrollo técnico ya ha empezado la fase de desmontaje del viejo sistema de cableado de la infraestructura. Será la actuación previa a la demolición parcial de los edificios que albergaban las dos estaciones.

Gracias a una inversión de 26,26 millones de euros, la nueva infraestructura contempla un sistema monocable de última generación en vez del bicable original. También la sustitución de todas las cabinas, que serán más grandes que las anteriores y ofrecerán mayor visibilidad al usuario. Los nuevos cubículos pasarán de 80 a 47, pero tendrán una capacidad de 10 personas -antes solo podían ocuparlos 6 personas-, dispondrán de sensores inteligentes, IA y conectividad en tiempo real.

Tras la eliminación del cableado, se desarrollarán las nuevas bases para las torres y la introducción de los modernos equipos electromecánicos (motores eléctricos, cable tractor-portador y poleas).

Con respecto al diseño de las dos estaciones, Rosales y Casa de Campo, se apuesta por una arquitectura integrada en el paisaje, así como la reducción de emisiones y huella de carbono. Otro de los aspectos más importantes es la mejora de la accesibilidad. Tanto en las estaciones como en las cabinas, se dispondrá del apoyo de colores y pavimientos para identificar los diferentes espacios destinados a personas con movilidad reducida.

En definitiva, se trata de mejorar la experiencia del visitante, contribuir a reforzar la imagen de la ciudad como destino turístico y enriquecer la conexión entre ciudad y naturaleza. ¡Larga vida al teleférico!