Un precioso día de otoño disfrutamos de una jornada inolvidable en el Huerto de la Cuña Verde, con un tiempo espléndido cada vez más habitual en esta estación.

Las compañeras del Huerto Cuña Verde nos hicieron esta simpática entrevista que nos permite explicar cómo funciona el curso anual de Huerto Ciudadano.

Con un sol radiante y una temperatura agradable que invitaba a estar al aire libre, nos reunimos 25 personas del proyecto Huerto Ciudadano de Retiro 2025, junto con otras 15 personas del grupo del Huerto Comunitario de la Cuña Verde de Moratalaz, sumando fuerzas, ilusión y ganas de trabajar el huerto en comunidad. La mañana transcurrió entre tareas hortelanas y trabajo colaborativo. Realizamos labores de desbroce, retiramos los cultivos de verano que ya habían cumplido su ciclo y cosechamos los últimos frutos de la temporada, cerrando así una etapa de transición para dar paso a la siguiente. También trabajamos los bancales, los acondicionamos para las futuras plantaciones de otoño y limpiamos los pasillos, retirando plantas adventicias y dejando el espacio cuidado y preparado. Cada tarea, sumó al esfuerzo colectivo y reforzó el sentido de pertenencia al proyecto que estas mujeres y hombres están logrando llevar a cabo en este espacio de Moratalaz. Nos enseñaron una técnica nueva de uso de lana de oveja como acolchado para los bancales del huerto que vamos a intentar llevar en marcha en nuestro huerto para el nuevo curso de Huerto Ciudadano 2026 que vamos a retomar ya durante estos días de febrero. Más allá del trabajo físico, la jornada fue una oportunidad para compartir conocimientos, experiencias y conversaciones entre personas con distintos recorridos, pero con un mismo interés por el cultivo ecológico y la participación ciudadana. El huerto volvió a demostrarnos que es mucho más que un espacio de producción: es un lugar de encuentro y aprendizaje. Como cierre perfecto, tras la mañana de actividades, disfrutamos de un picnic compartido en el que pudimos saborear las delicias que, entre todas y todos los participantes, habíamos preparado y cocinado. La comida se convirtió en un momento de convivencia distendida, risas y celebración del trabajo bien hecho. Sin duda, una jornada que nos recordó que cultivar la tierra es también cultivar comunidad.