El calor que emana del asfalto, la falta de agua, la escasez de refugios donde guarecerse… El sol no es el único enemigo de los habitantes de las ciudades

 

A mediados de este mes de junio se ha registrado en Madrid una de las olas de calor más primaverales de la historia, con temperaturas entre 7 y 12 grados por encima de los valores habituales.

 

Los expertos han advertido de que los efectos del calor pueden provocar de manera inmediata un descenso en el número de retoños hábiles del año y un aumento de muertes de individuos adultos (tanto en el reino animal como en el vegetal); hecho que no afectarían a la conservación de la biodiversidad si dichos episodios extremos se produjeran de manera anecdótica. Pero, desafortunadamente, la previsión de que las olas de calor aumenten tanto en frecuencia como en intensidad es evidente… y está íntimamente ligada al CAMBIO CLIMÁTICO.

Un estudio dirigido por el Departamento de Ciencias de la Vida de la Universidad de Alcalá de Henaras, muestra que muchas especies tienen mayores dificultades en adaptarse al calor que al frío. Ademas, la tolerancia a las temperaturas extremas está relacionada con la herencia en función del parentesco con especies que vivieron en la tierra en un momento donde hacía más frío o calor.

Estas altas temperaturas afectan a toda la cadena trófica, ocasionando:

  • cambios comportamentales en las especies más resilientes,
  • la dispersión buscando condiciones medioambientales más propicias en aquellas especies que no se pueden adaptar,
  • o incluso provocando la muerte de los individuos o especies más inflexibles al cambio.


Cómo afectan las altas temperaturas a las especies silvestres

 

El primer instinto para evitar el calor es alejarse de él, ya sea refugiándose en sitios frescos y sombreados o mojándose para evitar la deshidratación cutánea… Pero los efectos del calor sobre las especies silvestres dependen directamente de su fisionomía…

 

Artrópodos, peces, anfibios y reptiles son animales ectotermos (no pueden controlar activamente su temperatura interna y se regulan con la del entorno); por lo tanto, un aumento de temperaturas ambientales provocará un incremento de su temperatura corporal, lo que puede ocasionar graves consecuencias en su supervivencia.

  • Los anfibios son animales particularmente sensibles y las temperaturas demasiado altas o cambios en el patrón de precipitaciones pueden afectar a su éxito reproductivo e incluso llegar a ser letales para ellos (ya que las masas de agua de las que dependen directamente se sobrecalientan o incluso llegan a desaparecer por evaporación). Si no consiguen desplazarse a sitios más favorables como zonas más altas de las montañas, disminuirá el número de individuos.
  • Los reptiles, por su parte, en situaciones calurosas buscan refugio en lugares más frescos. Al pasar más horas de lo habitual refugiados, tendrán menos tiempo de alimentarse, lo que derivará en un debilitamiento individual y una menor tasa reproductiva. Además, en muchos grupos de reptiles el sexo de la descendencia viene determinado por la temperatura de incubación del huevo (a temperaturas mayores de 32ºC nacerán hembras y por debajo de los 32ºC nacerán machos), haciendo que el ambiente juegue un papel muy importante en la proporción de machos y hembras que encontramos en una población; que puede derivar en un desequilibrio poblacional.
  • En cuanto a los insectos, centrándonos en los polinizadores, una especie emblemática que está padeciendo esta subida de temperaturas es la abeja melífera (Apis mellifera), ya que el calor ha provocado que las flores se sequen prematuramente y no produzcan el néctar que necesitan. Con altas temperaturas limitan sus actividades pecoreadoras (de búsqueda y recolección de néctar y polen) a las primeras horas del día, empleando el resto de su jornada «laboral» a buscar agua para llevarla a la colmena y enfriarla, además de a batir las alas para conseguir mantener una temperatura de la colonia entre 32 y 35ºC; provocando con ello un consumo más elevado de lo normal tanto de energía como de agua de cada miembro de la colonia (que a su vez derivará en un debilitamiento de la colonia, que estará más expuesta a enfermedades o a no tener reservas suficientes para hacer frente al invierno).

Una abeja obrera suele vivir unos 45 días, con lo que si empiezan a morir antes de tiempo la población de la colmena se verá muy mermada y tenderá a desaparecer.

La mayoría de las aves y los mamíferos son animales endotermos (generan calor interno a través de la combustión química de los alimentos para mantener una temperatura corporal adecuada) y sus estrategias para superar los episodios de calor extremo son tanto intrínsecas como extrínsecas.

  • Las aves para protegerse de los efectos de las altas temperaturas, suelen usar su plumaje y el pico para regular su temperatura corporal. En estas fechas muchas especies silvestres están en proceso de reproducción, pero al haber una menor disponibilidad de agua por la sequía no pueden alimentar debidamente a sus crías; además muchos de los pollos no soportan el calor sofocante en el nido y se están precipitando al suelo, donde fallecen: por deshidratación, víctimas de depredadores o por el impacto de la caída.
    • Especialmente sensibles son las aves insectívoras, que dependen en gran medida de la disponibilidad de las flores para atrapar sus presas, que serán también menos productivas.
    • En el caso de las aves marinas, con el calentamiento del agua del mar los bancos de peces se desplazan a lugares diferentes y en época de cría los adultos de muchas de estas aves tienen que hacer largos desplazamientos para alimentar a sus pollos; ocasionando una menor productividad de pollos por el desgaste de los padres a la hora de alimentar a la descendencia.
    • Las aves que viven en las ciudades tienen más posibilidades de sobrevivir que las que viven en plena naturaleza ya que pueden acceder más fácilmente al agua y los alimentos
  • La mayoría de los mamíferos pueden activar mecanismos como sudoración y jadeo para incrementar el enfriamiento por evaporación en respuesta a una alta temperatura corporal. Además los de pelaje suelen tener redes especiales de vasos sanguíneos para el intercambio de calor que se ubican en zonas de piel desnuda (por ejemplo, las liebres tienen enormes orejas con una extensa red de vasos sanguíneos para permitir una rápida pérdida de calor).  Los cambios de hábitos (ajustando sus puntos de máxima actividad a la primera y últimas horas del día) o los baños en agua/barro son otros mecanismos para reducir la temperatura corporal; que pueden ser llevados al extremo en algunas especies que entran en un periodo de hibernación estival (estivación).

 

Pero, las altas temperaturas no solo afectan a la salud de la fauna, sino que también alteran los biorritmos de las plantas, y muy especialmente de los árboles.

En este sentido, las plantas tienen una gran capacidad de adaptación a los cambios externos, pudiendo modificar la forma de sus tallos y hojas para hacerlas más resistentes a las variaciones térmicas. Sin embargo, por encima de los 40-50ºC, la actividad vegetal decrece e incluso se empiezan a destruir tejidos enzimáticos. Ante un episodio de estrés hídrico (el individuo no consigue compensar la pérdida de hidratación por las hojas con la absorción de agua a través de las raíces), el ejemplar responderá soltando sus hojas y limitando su actividad vegetativa; lo que repercutirá negativamente en la floración y fructificación y dejará a los ejemplares más expuestos a las enfermedades.

La producción de cereales se redujo en la Unión Europea un 7,3% por el impacto de las olas de calor entre 1961 y 2018, según un estudio publicado en la revista científica Environmental Research Letters. El impacto de las olas de calor en las cosechas casi se ha triplicado en 50 años.

Sin embargo, siempre hay quien saca partido a las desgracias ajenas…

Mosquito, garrapata, langosta o la mosca negra son algunas de las especies que mayor ventaja están sacando a estas olas de altas temperaturas que favorecen un aumento de sus poblaciones, convirtiéndolas en plagas dañinas para el ser humano. Además, también ayudan a la permanencia de especies invasoras de climas más cálidos que compiten por las especies autóctonas y transmiten enfermedades, como la avispa asiática (que se encuentra en el norte de España) o los galápagos de Florida (que encuentran unas condiciones favorecidas para su reproducción).


Consejos para ayudar a que la flora y fauna urbanas sobrelleven mejor el calor

 

Llegamos a casa y enchufamos el ventilador, nos ponemos ropa ligerita, nos damos una ducha frescante y tomamos una bebida con mucho hielo… Las facilidades que tenemos los humanos para adaptarnos al calor en las ciudades están al alcance de la mayoría… Pero las especies silvestres necesitan que seamos unos vecinos solidarios, que les ayuden a adaptarse al entorno, a veces hostil, que supone el medio urbano.

 

Nuestras queridas aves urbanas son las que más sufren el calor de las ciudades, comenzando a tener dificultades cuando la temperatura ambiente supera los 20ºC.  Podemos ayudarlas con un simple gesto: poner un cuenco de agua en la ventana o patio (mejor utilizar platos de barro usados para las macetas y eludir aquellos que sean de porcelana o vidrio porque las aves se resbalan).

De las especies de aves urbanas, la más afectada es el vencejo (especialmente los pollos), dado que anida en las partes altas de los edificios, debajo de los tejados, donde el calor es aún mayor. Debido a sus cortas patas y largas alas, es habitual que los individuos de esta especie no sean capaces de iniciar el vuelo desde el suelo, permaneciendo en el mismo una vez han saltado del nido, hasta que son recogidos y trasladados a los diferentes centros de recuperación de fauna de Madrid, como el Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS) de la Comunidad de Madrid o la Asociación Brinzal.

La Comunidad de Madrid recibió 811 ingresos de vencejos en el CRAS desde que comenzó la ola de calor que asoló la capital en 2019; de ellos, 253 provenían del Centro de Recuperación de Rapaces Nocturnas situado en la Casa de Campo, Brinzal (donde permanecían ingresados otros 325 ejemplares)

En el caso de las mascotas domésticas, además hay que recordar sacarles a la calle a horas de menos calor para evitar el ardiente aspalto que  puede llegar a alcanzar temperaturas de 62ºC (los veterinarios aconsejan prestar especial atención a las almohadillas de los perros ya que pueden sufrir quemaduras). Agua, ventilación y sombra, son las claves para mantener a los animales de compañía seguros durante los días en los que los termómetros alcancen valores altos.

En cuanto a las plantas, sencillas prácticas pueden ayudarlas a evitar el estrés hídrico:

  • aumentar la cantidad de agua que reciben, evitando los riegos en las horas de máxima insolación,
  • si se puede, trasladarla al interior; sino, proporcionar algún tipo de sombra (toldo, tela de sombreo…),
  • acolchar el sustrato para evitar la insolación directa sobre la tierra (pinaza, mulching, piedra volcánica, arlita…),
  • evitar la poda en periodos de máxima calor,
  • evitar la fertilización del suelo (ya que la absorción de los mismos ocasiona una perdida considerable de agua en las raices).

Entre las posibles soluciones a los retos que supone el cambio climático para la agricultura están el uso de semillas locales, el abandono de los monocultivos y apostar por diversificación y prácticas de la agricultura ecológica.

¡Sencillas acciones que ayudan a conservar la biodiversidas urbana!


Todo esto y mucho más…

 

Para ampliar la información, te invitamos a consultar los siguientes enlaces:

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