En el corazón de Ciudad Lineal, desde la célebre calle de Alcalá, se abre un espacio público que, concurrido a cualquier hora del día, se ha convertido en el alma mater del barrio de Quintana. Esta plaza conocida como ‘plaza de los viejos’ por los jubilados copando sus mesas y sillas mientras juegan a las cartas, la ‘plaza de los cromos’ por ser punto de referencia de intercambio o simplemente plaza de Quintana, está renovando su imagen para lucir un aspecto acorde al siglo XXI: más verde, accesible y eficiente.

La palabra ‘Quintana’ proviene del latín y hace referencia a las plazas de los campamentos romanos donde se vendían víveres, o al espacio situado delante de una o varias casas. Punto de encuentro por excelencia en el distrito, en la actual plaza de Quintana conviven varios comercios, un centro de formación y varios restaurantes que dinamizan la zona.

Uno de ellos es el Bar Docamar, famoso por sus patatas bravas desde 1963, que ha sido testigo de la evolución de esta plaza desde que albergaba la verbena popular y el circo hasta llegar a nuestros días: un espacio con identidad propia y mucha vida.

Orígenes de la plaza de Quintana

Hemos hablado con el propietario del Bar Docamar, Raúl Cabrera, tercera generación de los fundadores, muy ligado desde siempre al barrio de Quintana. “Antes de que existiera la plaza como la conocemos hoy, con la zona peatonal y los comercios, había una gran explanada donde se ubicaba la verbena del barrio, la típica de atracciones y pasodobles que aún se estilan en las fiestas patronales de España”, relata. Un espacio lúdico donde periódicamente se instalaban distintos circos, como el Circo Atlas de los Hermanos Tonetti, famosos payasos que recorrieron la geografía española en los años 50 y 60 “y que además fueron vecinos de este barrio”.

Fernando Pérez Peña tomó la foto es de 1962 y muestra los restos del incendio del Circo Florida en la misma plaza. Fuente: Blog Docamar

Cabrera explica que anteriormente se alzaba un almacén de construcción que perteneció a Timoteo Damián y le fue expropiado en los años 40 por motivos urbanísticos para eliminar la curva existente de la calle de Alcalá, “pero nunca se hizo”.

En 1963 se construyó la plaza de Quintana tal y como la conocemos hoy: peatonal y rodeada de comercios. “De hecho”, señala Raúl Cabrera, “en aquella época esta zona comercial de la calle de Alcalá era la segunda más cara de Madrid por detrás de la calle de Preciados”.

Punto de intercambio de cromos

Con los años, la plaza de Quintana se ha convertido los fines de semana en un mercadillo improvisado donde niños y padres intercambian cromos de todas las colecciones en busca de esos ejemplares imposibles de conseguir. “Esta tradición es casi más antigua que el Rastro”, explica Raúl Cabrera, “cuando un longevo vecino del barrio, Pepe el Cojillo, instaló un puesto de intercambio de novelas y revistas: te leías una, la dejabas y cogías otra”.

Hoy, la conocida como ‘plaza de los cromos’ es visita obligada para coleccionistas de todas las edades mientras los jubilados están inmersos en sus partidas de naipes. Todo un punto de encuentro intergeneracional que pronto lucirá una imagen renovada para el disfrute de vecinos y viandantes.

Fuente: Blog Docamar

Un entorno más seguro y cómodo

El Ayuntamiento de Madrid está llevando a cabo una reurbanización de este espacio incluido en el proyecto de renovación de la calle de Alcalá, en el tramo comprendido entre Quintana y Arturo Soria, por valor de 5,4 millones de euros. Se trata de unos de uno de los espacios públicos más importantes del distrito en la que existen tres usos diferenciados: lugar de reunión de las personas mayores del barrio, espacio de recreo para los estudiantes que acuden al centro de formación y un referente para los aficionados al intercambio de cromos.

Estos usos podrán seguir desarrollándose con mayor seguridad y comodidad gracias a la eliminación de barreras arquitectónicas a través de una rampa que salve el desnivel de la calle de Alcalá, la supresión del bordillo que actualmente limita el acceso a la plaza con las edificaciones circundantes, la creación de itinerarios accesibles y la renovación completa del pavimento y el saneamiento.

Además, se plantará nuevo arbolado que proporcione sombra en verano, se renovará por completo el mobiliario urbano, especialmente los bancos y las mesas, además de instalar fuentes de agua potable y alumbrado público de bajo consumo.

 

Ya solo hay que esperar unos meses para disfrutar de la renovada plaza de Quintana, punto de encuentro en el corazón de Ciudad Lineal dispuesta a invitar a vecinos y viandantes a detener su ajetreo diario para practicar el slowlife.

 Como curiosidad habría que señalar que la plaza de Quintana carece de nombre oficial. “Igual sería una buena oportunidad para bautizarla”, concluye Raúl Cabrera./