El Centro Cultural Nicolás Salmerón acoge hasta el 20 de septiembre la exposición ‘Que la Carne Florezca- Abya Yala’, de la escultora hondureña Rosmery Lara Quartz, que reúne 12 esculturas en bronce dedicadas a figuras míticas de distintos pueblos originarios de América (AbyaYala); desde el pueblo algonquino en Norteamérica hasta las culturas maya, ch’ortí, Mopán, k’iche, Yucateco, pipil, guna y náhuatl Nicaraos de la zona central. Hoy, 15 de septiembre, Día Internacional de Centroamérica, te invitamos a recorrer esta muestra que fue elaborada durante dos años por la artista y traída desde Honduras.
Bajo el lema «Donde el bronce florece, también florece la memoria», la exposición pretende dar visibilidad artística a mitologías que rara vez ocupan un espacio expositivo en Europa. Cada figura está acompañada por un poema en español y en la lengua originaria correspondiente. Escritas a mano en hojas secas de árbol, las piezas dialogan no solo con los mitos representados, sino también con las tradiciones lingüísticas que los sostienen. Las más de mil lenguas indígenas vivas en el continente americano se convierten así en un vehículo de creación poética, y no solo como objeto de estudio antropológico.
Pie de foto: De izquierda a derecha, Itzmukamé, Xochiquétzal, Jiibayaabooz, Ah Puch, Polilla Nocturna y Nana Nabgwana
El recorrido expositivo se abre en el norte del continente con ‘Jiibayaabooz’, también llamado Chibiabos Gobernante del mundo de los espíritus, protector de los muertos y guía para las almas al más allá, recibe a los muertos con música, cantos y tranquilidad, espíritu del pueblo algonquino recogido en lengua ojibwe-anishinaabemowin, cuya figura dialoga con las culturas de los bosques y las grandes masas de agua de Norteamérica. Desde allí, el itinerario desciende hacia el corazón mesoamericano, donde cada territorio aporta su dios o diosa.
Pie de foto: De izquierda a derecha, Chac Chel, Ixchel, Tamagastad, Chalchiuhtlicue, Floreciendo y Mariposa.
En México, la escultora representa a ‘Chac Chel’, diosa de la luna, del agua, tejedora del destino, figura central del panteón maya yucateco; en Belice, ‘Ah Puch’, también conocido como Kisin, dios del inframundo y la muerte, da rostro a los umbríos caminos del más allá en lengua maya mopán. El Salvador, por su parte, aporta a ‘Tamagastad’, el gran dios creador del pueblo nawat-pipil.
En Guatemala se rige por ‘Ixchel’, diosa de la luna y el mar, representada en la lengua de los descendientes de los mayas k’iche’. Honduras está presente con la obra «Ojos de miel», dedicada a ‘Itzmukamé’ diosa del maíz. Es una deidad antigua y poderosa del panteón maya y escrita en ch’ortí, la lengua del pueblo maya-chortí que hoy habita principalmente el departamento hondureño de Copán, cuna de la antigua ciudad maya declarada Patrimonio de la Humanidad. Con esta pieza, Lara Quartz da presencia a una de las lenguas indígenas vivas de Honduras menos representadas fuera del país. La obra establece un puente entre la mitología del Popol Vuh y la identidad contemporánea del pueblo ch’ortí, reforzando la dimensión de recuperación simbólica que atraviesa toda la exposición.
Según la tradición renacentista, la figura ya existe dentro del material y el artista se limita a revelarla. Del mismo modo que el escultor libera la forma latente en la piedra o el bronce, Lara Quartz concibe las divinidades indígenas como presencias que ya habitan en los mitos y las lenguas diluidas en el tiempo; su obra hace visible esa esencia. La escultura se plantea, por tanto, como un acto de revelación cultural que trasciende su dimensión meramente material.
El tramo final del recorrido se detiene en las dos orillas del istmo centroamericano: Nicaragua y Costa Rica. La exposición reúne a dos divinidades del agua y la vida: ‘Chalchiuhtlicue’, diosa del agua, de los ríos y de la lluvia, y ‘Xochiquétzal’, diosa de las flores, ambas expresadas en náhuatl nicarao, testimonio de la herencia mexica que alcanzó las costas del Pacífico sudamericano. Panamá cierra el mapa de las nueve culturas con ‘Na Nabgwana’, la Madre Tierra del pueblo guna, cuyo poema se escribe en dulegaya-guna, lengua a la que la exposición debe, además, su concepto rector de Abya Yala.
A estas nueve figuras se suman tres piezas de carácter universal: una dedicada a las mariposas creadoras, la segunda a la noche con la pieza “La Polilla Nocturna” y, por último, la pieza principal de la exposición Floreciendo “Abya Yala” (tierra en constante florecimiento) este es el tema central que enmarca la muestra. Además de la creación, la muerte como umbral, el tejido del destino, la luna, el cielo y la naturaleza como fuente de vida.
Doce esculturas. Doce seres del mundo de los espíritus representados en diferentes procesos de florecimiento. Puedes visitar la exposición hasta el 20 de septiembre de forma gratuita.











