A las nueve de la mañana nos citamos en las proximidades del Parque Enrique Tierno Galván para realizar uno de los muchos itinerarios ornitológicos que hacemos desde Madrid Ambiental. Este es especial, ya que no es un parque ni demasiado conocido ni pequeño, ubicado en un lugar estratégico no muy lejos del río Manzanares. Sus 35 hectáreas de zona verde contienen una avifauna más que digna de conocer, además de que hay representada vegetación mixta caduca y perenne, praderas de césped, taludes, pinar y una zona arbustiva interesante.
Nos esperaba una mañana de domingo con poca gente, algo de frío, viento ligero y sol hacia la mitad de la actividad.
Caminamos hacia el Parque Enrique Tierno Galván y nos detuvimos ante la rampa de entrada para dar unos consejos sobre el manejo de los prismáticos. Entre tanto sin darnos cuenta una abubilla (Upupa epops) se había posado en un banco que teníamos a escasos metros. Nos dimos la vuelta y la observamos. Parecía haber sufrido el ataque de otro animal, así que miramos si se encontraba los suficientemente enferma como para pedir ayuda y rescatarla. Echó a volar y se puso a comer en la hierba junto a un estornino negro (Sturnus unicolor), por lo que entendimos que no estaría demasiado mal como parecía de lejos y se las estaba arreglando.

[Imagen 1. Interior del Parque Enrique Tierno Galván. Fuente: Madrid Ambiental.]
Recordamos desde aquí que existe el Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS) gestionado por la Comunidad de Madrid, además de otros centros como GREFA que es un Centro de Rehabilitación de Fauna Autóctona y su Hábitat y Brinzal que gestiona un Centro de Recuperación de Rapaces Nocturnas. Todos ellos poseen un teléfono de contacto mediante el cual nos darán indicaciones sobre qué hacer con el animal en cuestión.
Nos fijamos en un pajarillo que saltaba también a los bancos y de vez en cuando bajaba para picotear algún insecto del pavimento. No era otro que una hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros).
Y así veíamos el comportamiento de la colirroja tizona, una urraca (Pica pica) se nos acercó a los pies con descaro disimulando que picoteaba una lombriz cuando nos percatamos de su presencia.
Subimos la rampa del parque y tras ver un grupo de palomas torcaces (Columba palumbus) comer sosegadamente nos internamos por una zona de concentración de arbustos y arbolado bajo.
Hablamos de las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) y las cotorras de Kramer (Psittacula krameri) ya que siempre hay interés por ellas. Arrojamos algo de luz sobre su forma de vida y la convivencia comunal que tienen las cotorras argentinas y la manera de “okupar” que tienen las de Kramer. Siempre recordando que son Especies Exóticas Invasoras, pero también recordando el origen de la problemática, que es del ser humano.
Entre los arbustos había un silencio incómodo. Era evidente que había varias especies allí, pero solo un petirrojo (Erithacus rubecula) se atrevía a cantar. Lo vimos. Tras él se animó alguno más, un mirlo (Turdus merula) por allá. Y al poco descubrimos uno que no es tan común y que se dejó ver bien los ojos, una curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala).

[Imagen 2. Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala). Fuente: Diego23. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]
Lo de los ojos lo decimos porque esto la distingue bien de la curruca capirotada (Sylvia atricapilla), que no tiene el músculo orbicular del ojo rojo. Además, la curruca cabecinegra también tiene rojas las patas.
Vimos gorriones molineros (Passer montanus), y algún gorrión común (Passer domesticus) entre los hierros de la pasarela metálica del parque.
Nos dirigimos al centro del parque y pudimos disfrutar aquí de un petirrojo que se camuflaba un poco entre la hojarasca acumulada bajo un seto.
También se dejaba observar una lavandera blanca (Motacilla alba), aún con su garganta negra.
Bajamos viendo la demolición del IMAX escuchando un pito ibérico (Picus sharpei) que no llegamos a localizar. Pero sí que localizamos una panda de mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) entre tanto que creíamos haber escuchado mitos (Aegithalos caudatu). La luz no era la mejor para ver a los mosquiteros, pero logramos disfrutar su actividad frenética.
Tras ello nos fuimos directos a ver los patos de los estanques. Solo vimos ánades reales (Anas platyrhynchos); algunas hembras, otros machos y también de estos últimos uno en eclipse.
El ruido de los coches de la M-30 era intenso y decidimos alejarnos del borde del parque, pero tuvimos que volver llamados por un pito ibérico que parecía pelear con unas cotorras de Kramer. Al llegar solo vimos a las cotorras, pero sirvió para identificarlas correctamente y ver como hacían uso de un antiguo nido de pito ibérico.
Ya tomamos el camino de retorno, pero nos alzamos sobre el Cerro de la Plata para disfrutar las vistas desde lo alto. Y allí nos esperaba un picapinos (Dendrocopos major) que se fue al poco tiempo de verlo.

[Imagen 3. Grupo buscando entre las ramas de un álamo gris (Populus x canescens). Fuente: Madrid Ambiental.]
Llegamos al auditorio y nuestro final de fiesta se celebró bajo unos álamos grises (Populus x canescens). Allí se arremolinaban herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus), mosquiteros comunes, un agateador (Certhia brachydactyla), carboneros comunes (Parus major), carboneros garrapinos (Periparus ater), un petirrojo y un grupo de mitos . Todo un bando de alimentación.
Ya casi despidiéndonos un pito ibérico puso el broche final al itinerario. Dejándose ver de maravilla.

[Imagen 4. Mito (Aegithalos caudatus). Fuente: Suzu Sato. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
Nos despedimos realizando la evaluación de la actividad y deseando vernos en una próxima ruta.
Si te animas apúntate al próximo itinerario ornitológico de Madrid Ambiental en proambiental@madrid.es.
“La perforación de un pájaro carpintero resuena en las nubes de montaña”
Dakotsu Iida

