El cielo amanecía a medio llenar de nubes con el suelo mojado de la lluvia nocturna. Con amenaza de caer más agua nos encaminamos, desde la Plaza Elíptica al Parque Emperatriz María de Austria que encuentra su vértice más agudo en la propia plaza. Lo desconocíamos, pero al rato nos encontraríamos un cielo bien despejado, con estupenda visibilidad.

[Imagen 1. Interior del Parque Emperatriz María de Austria. Fuente: Madrid Ambiental.]

El primer encuentro con las aves fue entre domésticas y comunes, las más urbanitas y que en el entorno del metro y la glorieta encontraban más alimento. Vimos palomas domésticas (Columba lívida) y también alguna torcaz (Columba palumbus), cotorras argentinas (Myopsitta monachus) y gorriones molineros (Passer montanus). De estos últimos vimos una buena bandada de unos treinta a cuarenta. Fijándonos bien en lo que comían nos dimos cuenta de que se alimentaban de verdolaga (Portulaca oleracea), una planta rastrera abundante en las huertas, comestible para el ser humano, así como para estas aves.

La pérdida de biodiversidad en las urbes ocurre a muchas escalas y son muchos los grupos de seres vivos que desaparecen. Las plantas silvestres lo son, invadidas por las gramíneas ornamentales.

La dieta variada que podrían tener estos gorriones molineros se queda reducida, sin hablar de la pérdida cultural etnobotánica que sufrimos ante la desconexión que provocan las ciudades. Estas aves saben lo que está rico y les aporta vitaminas, minerales además de nutrientes, y si dan con ello, no lo desprecian.

[Imagen 2. Gorrión molinero (Passer montanus). Fuente: Roland Achtziger. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]

El paisaje sonoro del parque por ese momento no resultaba agradable, ya que muchos eran ruidos de coches. Entre estos sonidos destacaban prácticamente solo los de las cotorras argentinas , aunque de pronto destacó otro canto más aflautado pero sonoro, las cotorras de Kramer (Psittacula krameri). Se posaron tres en una encina (Quercus ilex) y tuvimos la suerte de que una cotorra argentina se plantó allí también, pudiendo así ver estupendamente las diferencias entre ambas especies. Recordamos que estas dos son Psittaciformes o en otras palabras, loros, aunque su género y distribución son distintos. Ambas convergen en las ciudades traídas por el ser humano (nosotras y nosotros) trastocando los ecosistemas al competir con otras especies autóctonas con las que comparten nicho ecológico.

[Imagen 3. Cotorra argentina (Myopstachi monachus). Fuente: Juan Sangiovanni. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]

En la base de un arbusto hurgaba el suelo un mirlo (Turdus merula). Junto a este una mirla y otro mirlo joven con sus alas marrones y resto del plumaje negro.

Aparecieron muchos estorninos negros (Sturnus unicolor) y nos pareció escuchar algún estornino pinto (Sturnus vulgaris). También mirlos y alguna lavandera blanca (Motacilla alba).

Vimos varios nidos de pájaros carpinteros y escuchamos algún pito ibérico (Picus sharpei). Al rato ya vimos a una hembra comiendo en el suelo, luego en el tronco de un árbol.

Poco después entre adelfas (Nerium oleander) descubrimos un petirrojo (Erithacus rubecula) bien cantarín.

Entre las ramas de los pinos (Pinus sp.) volaban carboneros comunes (Parus major) y herrerillos (Cyanistes caeruleus), entre las de los arces (Acer sp.) los mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita).

[Imagen 4. Pinar antiguo del Parque Emperatriz María de Austria. Fuente: Madrid Ambiental.]

Llegados al estanque los ánades reales (Anas platyrhynchos) lo decoraban mientras varias gallinetas (Gallinula chloropus) adultas y juveniles nadaban. Dimos una vuelta por si encontrábamos algo más y… vimos un zampullín (Tachybaptus ruficollis) haciendo cortas inmersiones en el estanque para alimentarse.

Durante toda la jornada tuvimos la presencia de perros sueltos que en ocasiones espantaron las aves que veíamos. Recordamos que estos animales no tienen culpa alguna, ya que los responsables de sus acciones son sus acompañantes humanos.

Retornamos a Plaza Elíptica tras hacer un recuento de las especies vistas en el día; un total de diecinueve que dejan una jornada en la que libramos las lluvias y en la que algunas aves no se dejaron ver.

“La gente habla demasiado. Los humanos no descienden de los monos. Vienen de los loros.”

Carlos Ruiz Zafón