Mirando las previsiones meteorológicas para esta mañana vivida en el Parque Emperatriz María de Austria, daban lluvia constante. Y al mirar al cielo uno, corroboraba que esas nubes no iban solo a estar de paso, si no que iban a ir descargando lentamente. Pudiera ser un impedimento para el paseo por un parque con prismáticos en el cuello, pero si uno tiene ganas de pajareo ¡al mal tiempo buenas plumas! Y es que realmente la lluvia no compromete la presencia de aves, más bien nos dificulta a las personas que las veamos. Los prismáticos se nos empañan, se nos mojan un poco, la capucha nos impide escucharlas bien, los neumáticos de los coches que circulan por los aledaños hacen más ruido y cambian el paisaje sonoro del parque. Estas y algunas cosas más nos molestan. Pero si le ponemos buena intención a este esfuerzo, cuando descubrimos algo sorprendente es como si nos lo mereciéramos y fuera nuestro premio. Pues hoy, en el itinerario ornitológico, algo así pasó.

[Imagen 1. Interior del Parque Emperatriz María de Austria. Fuente: Madrid Ambiental.]
La Plaza Elíptica nos sirve de punto de encuentro y acceso al parque y allí nos juntamos unos poquitos tras unos minutos de espera. Hicimos un previo calentamiento para el uso de los prismáticos aprovechando el techado del intercambiador y tras ello nos internamos en el parque.
Como es costumbre tras el intercambiador, siendo una zona de mucho uso y donde siempre quedan restos de comida humana, hay palomas domésticas (Columba livia). También vimos algunas palomas torcaces (Columba palumbus), picoteando en la hierba y montones de gorriones molineros (Passer montanus), entre los que se encontraba algún gorrión común (Passer domesticus), comiendo bajo una encina (Quercus ilex). Y sobre la encina una de nuestras protagonistas y cada vez más en este y otros parques; la cotorra de Kramer (Psittacula krameri). Estas se estaban poniendo morada a bellotas, supusimos que quizá los gorriones molineros estaban comiendo algunos restos que les caían. Al fin y al cabo, los gorriones no tienen el pico tan hecho para abrir bellotas, así que, al estar abiertas, aunque mordidas no le hacían ascos.
Seguimos viendo loros, en este caso cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) y nos maravillamos con sus nidos. Hablamos de la dualidad entre el odio que puede tener alguna gente a estos animales y el aprecio que se le tiene por otras. Debatimos la moralidad de querer tanto a un animal, pero a la vez encerrarlo alejándolo de su propia naturaleza. Recordamos que si las cotorras de Kramer y las cotorras argentinas están presentes en nuestros parques es culpa del ser humano, ellas no tienen constancia siquiera de cuál es su lugar de origen, están aquí y tratan de vivir. También comentamos los problemas que enfrentan otras especies ante su presencia y la necesidad de cada territorio de controlar las Especies Exóticas Invasoras (EEI) para mejorar la biodiversidad autóctona, reto mayúsculo en esta era de la globalización.

[Imagen 2. Cotorra de Kramer (Myiopsitta monachus). Fuente: Francinas. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]
Mirlo y mirlas (Turdus merula) agradecidas por la lluvia comían insectos y anélidos sobre las praderas de césped. Una lavandera blanca (Motacilla alba) mostraba su acrobático y veloz vuelo. Entrábamos en el parque y el ruido se alejaba. Comenzamos a escuchar algunos cantos.
Buscábamos tras el canto de un carbonero, no lo veíamos. Buscamos tras el de varios petirrojos (Erithacus rubecula) y ya sí que los vimos, pero entre las ramas, sin colorido, siluetas en movimiento.
Nos acercamos al estanque desde la zona más alta y antigua del parque, pero antes de llegar al agua por fin vimos un pito ibérico (Picus sharpei), otro a su lado y otro cercano a estos dos. Reconocimos que eran dos machos y una hembra. Unos comían en el suelo y otro percutía con el pico un pino (Pinus sp.) joven.
En el estanque nadaban ánades reales (Anas platyrhynchos) junto a un grupo de quince gansos del Nilo (Alopochen aegyptiaca), que si ninguna vergüenza se nos acercó. Algunos hasta se arrimaron a dos metros de distancia. No teníamos pan, como es lógico. Teníamos ganas de ver su plumaje y su comportamiento. Lo vimos. Todo un despliegue de marrones y blancos con partes verdes oscuras.
Había más fauna en el agua; varias gallinetas (Gallinula chloropus), algunas jóvenes y algunas adultas y dos ruidosos zampullines (Tachybaptus ruficollis).

[Imagen 2. Gansos del Nilo (Alopochen aegyptiaca) en el borde del estanque del Parque Emperatriz María de Austria.. Fuente: Madrid Ambiental.]
Volvimos de la zona acuática y nos dirigimos al pinar, pero en una arizónica (Cupressus arizonica) unas aves inquietas nos llamaban con su poco contenido movimiento. Eran carboneros garrapinos (Periparus ater). No se veían bien y estuvimos un rato esperando para que bajaran a las ramas bajas del árbol. Entre tanto vino cantando otra ave con un canto destacado, era un herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) que grácil también pudimos ver claramente. Y esta espera nos reconfortó con la presencia final, después de la de un carbonero común (Parus major), de un macho de reyezuelo listado (Regulus ignicapilla). Este árbol y esa espera merecieron la visita en la que solo nos cayó agua ligera durante los primeros veinte minutos.

[Imagen 3. Reyezuelo listado europeo (Regulus ignicapilla ssp. ignicapilla). Fuente: Andrew Newmark. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]
Comenzamos el retorno y buscábamos a un picapinos (Dendrocopos major) que cantaba cerca, lo perdimos de vista. En esta mañana nos andaban burlando. Sí que llegamos a ver uno pasar volando y a otro, algunos usuarios, lo vimos unos segundos picotear unas piñas de un pino carrasco (Pinus halepensis).
De vuelta observamos estorninos negros (Sturnus unicolor) en el cielo y el paisaje desde el mirador del parque reconociendo las copas de los árboles del vecino Parque de Pradolongo donde recordamos que se encuentra el Centro de Educación Ambiental y Cultural Maris Stella.
Ya de vuelta viendo los tonos de color de las hojas de los liquidámbares (Liquidambar styraciflua) nos fijamos en que en dos de ellos se habían posado dos pitos ibéricos que parecían esperar a que nos fuéramos para seguir su tarea.
Realizamos la evaluación de la actividad, recogimos los prismáticos prestados y nos despedimos con una sonrisa, alegres del día de lluvia que habíamos librado y de la pajarada tan interesante que vimos.
Si te animas apúntate al próximo itinerario ornitológico de Madrid Ambiental en proambiental@madrid.es
“Cómo deseo poder preguntarte hacia dónde voló el ganso salvaje que abandonó la bandada”
Murasaki Shikibu

