La primavera quiere engatusar a algunos vistiéndose ligeramente de invierno. Pero no nos engaña, la primavera también trae nubes, lluvias intermitentes y frío. No todo es verano o invierno, la primavera tiene de todo y lluvia, ¡por supuesto!
Así, con el cielo nublado con agujeros azulados y otros grises nos reunimos en el puente de los Capuchinos dispuestos a disfrutar un paseo y a ver qué paisaje sonoro y alegrías visuales nos mostraba la avifauna de El Pardo.

[Imagen 1. Senda fluvial del río Manzanares con amapolas por todos lados. Fuente: Madrid Ambiental]
Con mucha pausa comenzamos el sendero viendo aves tranquilas como la tórtola turca (Streptopelia decaocto) y la paloma torcaz (Columba palumbus). Un agitado agateador común (Certhia brachydactyla) nos hizo confundirlo con un trepador azul (Sitta europaea) enredado en la corteza y las ramas de una robinia (Robinia pseudoacacia). Salió a una zona despejada del tronco y lo vimos medio bien. Medio bien porque el cielo blanco nos hacía de pantalla luminosa cuando alcanzaba el agateador la copa del árbol y apenas distinguimos su silueta.
Otras siluetas más grandes que pudimos ver en el cielo fueron varios milanos negros (Milvus migrans) que se cruzaron con un cernícalo (Falco sp.). Otras siluetas más pequeñas eran las de los aviones comunes (Delichon urbicum) y las golondrinas (Hirundo rustica) que también bajaron a nuestra altura a recoger agua del río. Para completar el trío de los mosquiteros, también pudimos observar algún vencejo (Apus apus).
Durante un rato estuvimos mirando el tronco de un álamo negro (Populus nigra) con dos agujeros, uno más grande y otro más pequeño justo debajo. Parecían dos nidos, el primero de pico picapinos (Dendrocopos major) y el de abajo de pico menor (Dryobates minor). Bien, pues al poco se posó un pico picapinos y se metió en el agujero grande y no volvió a salir (al menos durante el rato que estuvimos allí esperando).
Lo que nos imaginamos de los nidos es que probablemente un pico menor había hecho su nido allí, y que luego llegó un pico picapinos y taladró otra entrada más ancha y algo más alta, a medida de su tamaño. Pero la realidad puede que sea muy diferente.

[Imagen 2. Un rosal silvestre (Rosa canina) en flor junto al camino del río. Fuente: Madrid Ambiental]
Sobre el camino se plantaron algunas aves, verdecillos (Serinus serinus) que comían semillas caídas y un petirrojo (Erithacus rubecula) que cazaba al borde del sendero. Un gorrión molinero (Passer montanus) nos preocupó, ya que estaba en medio de una calle de poco tránsito. Era un volantón que tenía cerca a su familia. Lo dejamos tranquilo y nos quedamos tranquilas de ver que salía a una zona menos peligrosa.
Mientras avanzábamos ya comenzamos a escuchar ruiseñores comunes (Luscinia megarhynchos) y alguno bastardo (Cettia cetti). Se escuchaba el chocar de piedritas típico del canto de las currucas capirotadas (Sylvia atricapilla). Vimos un par de machos de ellas.
En el agua no vimos apenas nada, solo ánades azulones (Anas platyrhynchos) y los pocos que vimos eran machos. Solo llegamos a ver una hembra volando junto a otro macho.
Y aquí llegó uno de los momentazos del día. Vimos abejarucos (Merops apiaster) de nuevo. Una pareja que llamaban mucho la atención sobre las ramas de un álamo negro en la otra orilla del río. Estuvieron un poco allí y luego se pasaron a nuestra orilla, aunque los distinguimos peor.
Buscamos algún martín pescador (Alcedo atthis), pero no lo vimos. Desde hace un año que los avistamientos de esta especie son más escasos. Desconocemos si las riadas primaverales del año pasado tuvieron que ver.
Entre el abundante canto de los ruiseñores comunes se opacaba el de los pinzones vulgares (Fringilla coelebs). Concretamente los machos, que se mostraron perfectamente, con su coloración aún algo apagada.

[Imagen 3. pinzones vulgares (Fringilla coelebs). Fuente: Анна Рыжкова. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
En vuelo volvimos a ver siluetas, esta vez más grandes. Eran buitres leonados (Gyps fulvus). Tiempo después también vimos las de algún milano real (Milvus milvus).
Un milano negro se posó en una rama al otro lado del río. Se mantuvo allí un minuto, pero ese rato pudimos apreciar su imponente tamaño y algo mejor su fisionomía. Ya que acostumbramos a verlo en vuelo en Madrid, resulta raro verlo posado. Fabulosa escena.
El cielo crujía fuerte y nos cayeron gotas, pero la lluvia fue tan intermitente que no nos molestaba y hasta nos secamos en los intermedios. Quizá nos mojamos más cuando el viento agitaba las ramas y las gotas gordas nos caían sin aviso.
Llegamos al vallado del Monte de El Pardo dispuestas a escudriñar ese pequeño trozo de la dehesa. Curiosamente en la misma valla encontramos un pequeño pájaro muy activo. Era un chochín (Troglodytes troglodytes) que estaba constantemente bajando al suelo y subía con briznas a la valla y se metía oculto dentro de una enredadera. Estaba fabricando su nido y a ratos se subía a la valla para cantar.

[Imagen 4. Chochín (Troglodytes troglodytes). Fuente: Антон Виноградов. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
Volvimos sobre nuestros pasos y tomamos la margen derecha del río para regresar al puente de los Capuchinos. De camino escuchamos una oropéndola (Oriolus oriolus) y hasta un diurno autillo (Otus scops). Alguno volvió a ver abejarucos y todos nos despedimos y felicitamos por la jornada.
En ese rato que estábamos haciendo la evaluación de la actividad vino volando y se posó un picogordo (Coccothraustes coccothraustes) para poner la guinda a un bonito día.
Si te animas a apuntarte a la próxima salida de campo para observar aves, escríbenos a Madrid Ambiental al correo electrónico del programa: proambiental@madrid.es.
“El mundo se ha vuelto tan malo que los chochines cazan donde no se atreven a posarse las águilas.”
(“the world is grown so bad that wrens make prey where eagles dare not perch”)
William Shakespeare

