Nos sentíamos en primavera hace unos días, pero el cielo se cubre y recordamos que es aún invierno. Parece que cada vez le queremos dar menos importancia a esta estación, o bien que deseamos con ansia la primavera florida. Aquí en El Pardo poca flor…¡pero mucha ave! Menuda mañana de pajareo más buena.
Empezamos el itinerario ornitológico desde el pueblo de El Pardo que en este día celebraba los 75 años desde la anexión a la ciudad de Madrid, aunque el hecho en sí data del 27 de marzo de 1951. Actualmente perteneciente al distrito de Fuencarral-El Pardo, aunque este lugar sigue manteniendo cierta esencia de un pueblo.
Las aves nos llevaron con sus cantos a escapar del núcleo urbano para adentrarnos a orillas del río Manzanares en el bosque de ribera.
La primera que se dejó ver fue un trepador azul (Sitta europaea), aunque es cierto que mientras esperábamos a que fuera la hora y de charla en el punto de encuentro, calentando, vimos algunas otras interesantes aves. Pero nos vamos a ceñir a la ruta desde su arranque.
Tras el trepador azul aparecieron herrerillos (Cyanistes caeruleus) y carboneros (Parus major). En el agua ánades azulones (Anas platyrhynchos). Y no solo en el agua, ya que un macho vino a conocernos, nos miró unos segundos y volvió a las frescas aguas.

[Imagen 1. El grupo prestando atención a unos ágiles herrerillos. Fuente: Madrid Ambiental]
Los tintes azulados de estas aves parecían avisar de que todo lo azul iba a estar en sus plumas y nada en el cielo. Por arriba todo gris luminoso.
Y bueno, sobrevolándonos pasaban grandes bandadas de palomas torcaces (Columba palumbus) y algunas de estorninos (Sturnus unicolor) ,curiosamente menos numerosas). Por ahí rondando dos cernícalos (Falco sp.) hicieron que mereciera más la pena retorcernos el cuello para verlas sobre nuestras cabezas.
Volviendo a los árboles, era el turno de los agateadores (Certhia brachydactyla) trepando los troncos. Los petirrojos (Erithacus rubecula) preferían las ramas y el cetia ruiseñor (Cettia cetti) nos burlaba cantando fuertemente sin dejarse ver desde dentro de los arbustos.
Como un duende vimos saltando un picapinos (Dendrocopos major). Iba a saltos por la diagonal de una alta rama mostrando el rojo de su zona anal. Llamaba mucho la atención sobre el fondo marrón del bosque de ribera sin apenas hojas. Pero este no estaba solo, si no que venía siguiendo a otro pariente más pequeño; un pico menor (Dryobates minor) que apenas se dejó ver unos segundos antes de irse al otro margen del río.

[Imagen 2. Pico menor (Dryobates minor). Fuente: Igor Derevskov. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
Oíamos mirlos (Turdus merula) y petirrojos, pero entre estos cantos detectamos uno que no nos cuadraba, no parecía ninguno de estos dos. Resultaron ser currucas capirotadas (Sylvia atricapilla). Vimos tanto machos como hembras a lo largo del paseo.
Algún milano negro (Milvus migrans) y algun milano real (Milvus milvus) se paseaban volando bajo, aunque sus colores no lucían bien bajo esas nubes.
Seguimos avanzando y nos asomamos al río para comprobar si de verdad ya estábamos viendo aviones y golondrinas. Y efectivamente, varios aviones comunes (Delichon urbicum) y varias golondrinas comunes (Hirundo rustica) volaban rasantes dejando ver el brillo azulado de sus dorsos. Los primeros que vemos y ciertamente nos parece pronto, pero ellas sabrán mejor que nosotras lo que sienten y necesitan.
Tomamos un camino muy próximo al río tras hablar sobre una de las problemáticas más que frecuente en el lugar: perros sueltos merodeando en la orilla del río, metiéndose al agua tratando de cazar aves y otros animales. Es algo repetido el que las personas responsables de estos animales en una gran mayoría no respeten las normativas en el Monte de El Pardo además de carecer de sensibilización hacia el resto de la fauna que allí vive. Desde Madrid Ambiental trabajamos para exponer las problemáticas que supone este comportamiento en ecosistemas naturales así como en espacios verdes en los que se pretende un aumento de la biodiversidad. Se trata de estar informadas, sensibilizadas y concienciadas. Es un camino largo, y en ocasiones hay especies y/o ecosistemas que no tienen tanto tiempo.

[Imagen 3. Senda Fluvial del río Manzanares desde El Pardo a la altura del azud. Fuente: Madrid Ambiental]
Como ratones con alas muy ágiles estuvimos viendo mosquiteros, que supusimos que eran mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) en su mayoría. Tuvimos suerte también de que otro ágil animalillo; un chochín paleártico (Troglodytes troglodytes) se puso a cantar en un árbol próximo. Aunque eso sí, ¡no alzaba su cola!
Por el cauce del río lo cierto es que no había mucha actividad, el agua estaba bastante calmada de nadadoras. Incluso nos costó encontrar una gallineta (Gallinula chloropus), pero la vimos. Garzas ninguna. Parece que se están fabricando nidos y este “silencio” se podría deber a ello.
Tuvimos suerte de ver, eso sí, dos parejas de ánade friso (Mareca strepera). Una menos huidiza que la otra.

[Imagen 4. Ánade friso (Mareca strepera). Fuente: Miguel Pérez. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
En la valla que permite otear el resto del Monte de El Pardo del que el ciudadano de a pie está excluido vimos rabilargos (Cyanopica cooki) a lo lejos. Hablamos de lo bonito que sería pasear por allí, pero también que la realidad es que si desde este lado del vallado no se cumplen las normativas, mejor casi que no nos dejen entrar.
Volviendo nos volaron buitres leonados (Gyps fulvus), oscuros por la poca luz que los iluminaba, pero eran leonados. Y cantarines, dos herrerillos capuchinos (Lophophanes cristatus) nos hicieron el regreso, por la otra margen del río más ameno.

[Imagen 5. Senda Fluvial del río Manzanares desde la margen derecha del río. Fuente: Madrid Ambiental]
De vuelta junto al puente de los Capuchinos hicimos un rápido recuento de especies y nos salían unas fabulosas 34 que nos habían aderezado la mañana. Agradecimos tener la suerte de haberlas visto, haber disfrutado el paso del Manzanares y nos deseamos volver a ver en el próximo itinerario ornitológico.
Si te quieres apuntar a la próxima, reserva plaza en el correo electrónico del programa: proambiental@madrid.es
“Pájaro que muchos nidos muda, en cada uno deja una pluma”
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