Esta mañana de domingo en el puente de los Capuchinos nos encontrábamos dos grupos con muchas ganas de encontrar aves de variadas especies. Mirábamos al cielo viendo pasar gaviotas y gaviotas. La mayoría iban al Sur, alguna al Norte. En su mayoría vimos gaviotas sombrías (Larus fuscus) y alguna reidora (Chroicocephalus ridibundus).
Tras observar a las gaviotas nos desdoblamos en dos grupos para atender la demanda tan exitosa que tuvo la inscripción a esta actividad.
Un grupo se dirigió por la parte izquierda del río Manzanares y el otro por la margen derecha, ambos grupos remontando el río. Terminaríamos cruzándonos a medio camino y compartiendo observaciones hasta el momento en sendos itinerarios ornitológicos en este Monte del Pardo.

[Imagen 1. Senda Fluvial del río Manzanares desde El Pardo. Fuente: Madrid Ambiental.]
Quisimos comenzar la marcha, pero ya había unas cuantas aves sobre nosotros. Eran estorninos negros (Sturnus unicolor) que, mientras comían los frutos de una Sophora japónica, con distintos cantos nos llamaban la atención y buscábamos entre ellos alguna otra ave que se hubiera colado en ese árbol tan abundante.
Vimos otra especie, muy cerca y en otro árbol. Lo que pudiera no habernos llamado la atención , lo hizo. Un ave parecida a una urraca (Pica pica) pero más pequeña se movía por allí. La luz era mala. Mirábamos por las ramas y el cielo blanco se mostraba como una pantalla difusora de luz que nos dejaba solo la silueta oscura de las aves. Guardábamos la esperanza de que se situaran a nuestra altura para observarla sobre un fondo más oscuro.
Al poco vimos otra y otra más y contamos un grupo de unas siete. Eran rabilargos ibéricos (Cyanopica cooki). Que desde el otro lado de la valla se desplazaban buscando alimento. De cuando en cuando se cruzaban y se nos ponían encima. Las pudimos disfrutar, aunque no con sus fascinantes colores iluminados.

[Imagen 2. Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki). Fuente: Pablo Gimeno Castellanos. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
Nos entretuvimos un rato al principio del camino, pero de un modo justificado, ya que habíamos venido a ver aves. A veces encontramos el interés al inicio, al final o a lo largo de todo el recorrido. Nunca es igual. Por eso siempre os animamos a apuntaros las veces que queráis y repitáis la actividad, ya que cada día vemos cosas diferentes.
Voló un herrerillo común (Cyanistes caeruleus) y se posó en las encinas (Quercus ilex) próximas y disfrutándolo escuchamos y vimos un grupo de aves muy pequeñas y animadas, mitos (Aegithalos caudatus). Los mitos son de las especies más pequeñas de la Península Ibérica. Es una gozada verlos, ya que se dejan ver muy bien, no son nada tímidos y siempre van en grupo, por lo que se pueden apreciar distintos matices de su plumaje con mayor facilidad.

[Imagen 3. Mito (Aegithalos caudatus). Fuente: michael_martinez64. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
Una garza real (Ardea cinerea) alzó el vuelo lo que tomamos como una señal para retomar el sendero y continuar la marcha.
Hablando de los mitos (aves) y de sus nombres comunes llegamos al azud de El Pardo. Nos asomamos al río Manzanares buscando aves acuáticas. Encontramos ánades reales (Anas platyrhynchos), una gallineta común (Gallinula chloropus) y también un zampullín (Tachybaptus ruficollis) con su plumaje de invierno prácticamente listo. El plumaje de invierno y estival (en época reproductiva) de los zampullines son bien diferentes. También se aprecia bien la transición de uno a otro lo cual nos da la pista de la estación en la que nos encontramos si los vemos fotografiados.
Vimos también mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) y entre las ramas que nos tapaban la vista un ruiseñor bastardo (Cettia cetti), o cetia ruiseñor para los que les de más apuro llamarle bastardo. Éste hizo acto de presencia con su vozarrón. En esta mañana no lo escucharíamos tanto como en otras ocasiones, denotando que el invierno se acerca.
Nuestro grupo lo conformábamos quince personas. Enfilados por el estrecho sendero había varios metros de distancia ente la cabeza del grupo y el último a la cola. Esta distancia fue suficiente para que los rezagados tuvieran la fantástica fortuna de disfrutar la actividad grácil de una nutria (Lutra lutra) en la orilla del río. Al juntarnos al poco nos trajeron noticias del fantástico animal, pero al volver sobre nuestros pasos la nutria ya se había marchado. Igualmente celebramos la noticia y la felicidad de los y las que la vieron.
Otros, en ese estimulante momento vieron el paso fugaz de un martín pescador (Alcedo atthis).
No habíamos caminado mucho hasta el momento, lo cual significaba que la mañana se estaba dando bien. El nivel estaba muy alto ya para superar esos avistamientos, pero nos ilusionamos imaginando más especies que pudiéramos ver.

[Imagen 4. Una gran encina (Quercus ilex subs. ballota) en el Monte de El Pardo junto a la Senda Fluvial del río Manzanares. Fuente: Madrid Ambiental.]
En el camino que se dirige hacia la presa de El Pardo vimos y escuchamos petirrojos (Erithacus rubecula) y carboneros comunes (Parus major). Bajando la vista al suelo observamos huellas y rastros de la presencia nocturna de jabalies (Sus scrofa).
Nos cruzamos con el otro grupo a la altura de la pasarela de metal y todos los que estábamos allí miramos al cielo para presenciar el vuelo circular de un milano real (Milvus milvus).
Llegados a la valla de El Pardo donde la dehesa se extiende y se puede ver más lejos en el horizonte volvimos a ver pasar rabilargos y gorriones comunes (Passer domesticus) y molineros (Passer montanus).
Había unas aves sobre lo alto de los fresnos (Fraxinus sp.) que ya un rato antes habíamos podido detectar, pero esta vez los vimos con mejor luz. Vimos machos, con su coloración asalmonada o arcillosa y a las hembras de un color más verdoso y grisáceo. Inconfundibles por dos marcas blanquecinas en el costado (plumas secundarias). Eran pinzones vulgares (Fringillia coelebs).
Nos percatamos de que no muy lejos de la valla había un gamo (Dama dama) muerto del que un grupo de urracas (Pica pica) se alimentaba.
En el paisaje sonoro se colaban los cantos de las cotorras de Kramer (Psittacula krameri) y de algún jilguero lúgano (Spinus spinus). A este último no lo llegamos a ver.

[Imagen 5. Pinzón Común (Fringilla coelebs). Fuente: Pia Odgaard. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/]
Volvimos con un paso más alegre para llegar a la hora al punto de inicio. El río nos relajaba y se nos mostraba con el silencio del invierno y los colores del otoño. En el agua nada, pescadores. En el cielo nada, nubes. En las ramas movimiento. Buscamos en los huecos de los árboles búhos de modo genérico. Cualquier sorpresa que nos obligara a parar algo más. No los encontramos. Un pescador nos enseñó una carpa (Cyprinus carpio) recién pescada y la soltó al río.
Llegamos casi al punto de inicio, por la otra margen del río. En ese punto previo a solicitar al grupo la realización de la evaluación de la actividad, dos trepadores azules (Sitta europaea) junto a dos carboneros (Parus major), buscaban alimento en los troncos que nos separaban del río.

[Imagen 6. El río Manzanares y su bosque galería. Fuente: Madrid Ambiental.]
Llegamos, nos despedimos y nos deseamos encontrar en otra actividad próximamente.
¡Al que lo lea y guste, nos vemos en el próximo itinerario ornitológico!
Puedes animarte y reservar plaza en el correo electrónico del programa: proambiental@madrid.es.
“Dios amaba a los pájaros e inventó los árboles. El hombre amaba a los pájaros e inventó las jaulas.”
Jacques Deval

