Entreparques es una actividad de senderismo urbano en la que, desde Madrid Ambiental, os damos a conocer varios espacios verdes mediante una ruta que los entrelaza. Se trata de recorridos en los que sabemos que muy probablemente no realicemos el recorrido más corto, pero sí el más verde.

Hoy nos subimos al Cerro del Tío Pío para dar comienzo a este paseo que nos llevará hasta Entrevías con un recorrido íntegramente dentro del distrito de Puente de Vallecas. Es el Entreparques del Cerro del Tío Pío a la ruta escultórica de Palomeras.

El Cerro del Tío Pío, también conocido como Parque de las Siete Tetas se encuentra en el barrio de Numancia y fue inaugurado en 1987. Sin embargo, cuando se habla de este lugar, nos remontamos años atrás, con Pío Felipe y Aniceta Budia ocupando una parcela en Palomeras.

Este lugar, como muchos otros de Madrid, sufrieron una evolución complicada en sus primeros años. Debido a una serie de asentamientos en una situación de vacío legal, las personas que llegaban de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, principalmente, no encontraban servicios básicos en este suburbio de Madrid. El extrarradio no resultó interesante para las inmobiliarias hasta que, en los años setenta, comenzaron a fijarse en estos terrenos. Ahí surgieron el conflicto y la lucha vecinal.

[Imagen 1:Vistas desde el Parque Cerro del Tío Pío. Fuente: Madrid Ambiental]

A día de hoy, pasear por este parque merece el recuerdo de la historia de un barrio  que, como muchos, nació de quienes no tenían nada en las manos, pero sí mucho trabajo y toda la fuerza de la unión vecinal.

Como dicen aquí, “ahora miramos a Madrid por encima del hombro”. Y así es como hacemos nada más encontrarnos con el grupo: nos subimos al cerro de mayor altura y miramos Madrid (el resto). Este es uno de los miradores más apreciados por madrileños y turistas. Tenemos la vista de la Plaza de Castilla hasta Vista Alegre siguiendo por Orcasitas. Vemos hasta La Cabrera y el Cerro de Los Ángeles. Como si dibujáramos la silueta de Madrid, describimos aquello que se ve y también lo que no, fijándonos en los altos edificios próximos que nos dan pistas.

Descendemos el cerro y nos colamos entre el resto de colinas. Las moreras blancas sin fruto (Morus alba var. fruitless) nos permiten hablar de la utilidad de los injertos en la jardinería de los parques urbanos, pero también de la problemática ante la falta de frutos para la fauna en los parques.

El camino nos guía mientras algún pito ibérico (Picus sharpei) se hace presente sorprendiendo a más de uno y de dos que quizá nunca lo habían visto.

Llegamos al final del Parque del Cerro del Tío Pío que Manuel Paredes diseñó y cruzando un paso de cebra pasamos a los Jardines del Obispo Alberto Iniesta. Estos, aunque pequeños nos muestran el Museo de Bomberos de Madrid (MBM) desde una preciosa encina (Quercus ilex) y recordamos que la estampa de Madrid que acabamos de contemplar también fue pintada y observada por Antonio López desde lo alto del propio museo.

Descendemos por el jardín de la calle Pío Felipe viendo álamos blancos (Populus alba), plateados (Populus alba var. Bolleana), arces campestres (Acer campestre), reales (Acer platanoides) y blancos (Acer pseudoplatanus).

Cruzamos el Paseo de la Albufera para entrar en el barrio de Palomeras Bajas directos al Parque Azorín. Este parque, de menor entidad con sus 4,7 hectáreas de superficie frente a las 16 del Cerro del Tío Pío, es, sin embargo, más antiguo, ya que se inauguró 21 años antes que el conocido Parque de las Siete Tetas.

Subimos la pendiente que forma el parque sintiendo el relieve del barrio. Vemos pinos carrascos (Pinus halepensis) decorados con hiedra (Hedera helix), almendros (Prunus dulcis), castaños de Indias (Aesculus hippocastanum) y melias (Melia azederach).

[Imagen 2: Estanque del Parque Azorín. Fuente: Madrid Ambiental]

Salimos por la calle del Arroyo del Olivar. Buscamos el arroyo. Nada. Pero si encontramos olivos (Olea europaea), como un regalo nostálgico a los que buscan los usos de la tierra olvidados. Palomeras fue un lugar repleto de huertas y, sin ellas, el resto del distrito no sería como es hoy, ya que los primeros que ocuparon el lugar lo hicieron gracias al sustento de las huertas de Palomeras.

Remontando el “arroyo” llegamos a la Plaza de la Constitución, llamada también Plaza Roja por algunos vecinos. Las numerosas sóforas (Sophoras japonica) nos cobijan, junto a falsas acacias (Robinia pseudoacacia) y ciruelos rojos (Prunus cerasifera) y de Pissard (Prunus cerasifera var. Pissardii) que dan color.

[Imagen 3: Plaza de la Constitución en Portazgo. Fuente: Madrid Ambiental]

El camino nos deja en el Parque del Campo de la Paloma. Un parque de descanso de mediados de los años ochenta, más pensado para la estancia que para el paseo, con una vegetación espaciada y abundancia de macizos arbustivos entre los que destacan los durillos (Viburnun tinus) y los rosales (Rosa sp.). Estamos en el barrio de Palomeras Sureste.

[Imagen 4: Parque del Campo de la Paloma. Fuente: Madrid Ambiental]

Seguimos en dirección sureste para alcanzar el último y más grande parque que visitamos en la ruta: el Parque Lineal de Palomeras. Se denomina así porque sigue el trazado de la M-40, infraestructura que hace de él un parque con una gran responsabilidad, frenar el ruido a los vecinos del barrio. El parque surge como protección y pulmón verde, como barrera acústica y visual. Esto mismo crea entre él y la autopista una relación de necesidad. Sus casi cuarenta hectáreas lo hacen uno de los parques de tamaño medio más importantes del distrito.

Paseamos por su interior, paralelos al Anillo Verde Ciclista sintiendo a ratos en nuestros oídos izquierdos el ruido de la autopista. En otros momentos, este se atenúa gracias a los cerros que crecen sobre el talud, bloqueando el sonido. Son obra del mismo Manuel Paredes, las mismas “tetas” pero con otra distribución y función.

[Imagen 5: Parque Lineal de Palomeras. Fuente: Madrid Ambiental]

Salimos del parque y nos dirigimos a Entrevías, pero antes nos queda un recorrido entre bloques de viviendas para descubrir las esculturas que allí se colocaron en la década de los años ochenta.

Con el objetivo de embellecer el entorno residencial de Palomeras, una pequeña ruta escultórica formada por diez piezas de diferentes autores, que dan un carácter cultural y divertido al lugar. Una suerte para los vecinos y vecinas y un aliciente al foráneo o foránea para arrimarse a este barrio.

Vamos de una a otra conociendo el arte que guarda Palomeras, así hasta la última ya cercanos a la estación de Cercanías de Asamblea de Madrid-Entrevías.

[Imagen 6: Escultura Un personaje importante de Arcadio Blasco Pastor delante de Mural-paisaje también del mismo autor. Fuente: Madrid Ambiental]

Llegados a la estación y como final de la ruta aprovechamos para pedir al grupo que, de modo individual y anónimo evalúe la actividad y damos la oportunidad de que aporte sugerencias.

Si este itinerario te ha parecido interesante y te quieres animar al próximo que hagamos desde Madrid Ambiental, consulta las fechas en el catálogo de Hábitat Madrid del Ayuntamiento de Madrid y  apúntate a través de nuestro correo proambiental@madrid.es.

¡Nos vemos por allí!

El paseo es una forma de descubrir el mundo y también de descubrirnos a nosotros mismos.”

Rebecca Solnit