El 24 de noviembre de 1859 un hecho cambió la forma de vernos respecto a las demás formas de vida del planeta. Un momento en la historia en el que quedó por escrito y publicada la teoría de la selección natural. Hace 166 años, el 24 de noviembre se publicaba en Londres El origen de las especies de Charles Robert Darwin.
Pensamos en todo lo que ha llovido desde entonces y el gran conocimiento que tenemos de la evolución. La humanidad ha cambiado su forma de ver a los demás seres vivos y de verse a sí misma como parte de esa naturaleza que no es estática. A la escala de nuestro día a día es imperceptible, pero formamos parte de un todo indisoluble.
Es el 24 de noviembre la fecha elegida para celebrar el Día de la Evolución, un día mundial para reflexionar sobre este concepto que se celebra cada día con la biodiversidad que nuestro presente nos da, como una fotografía del momento que vivimos.

[Imagen 1. Fotografía de la primera edición de El origen de las especies de Charles Darwin. Fuente: Wikipedia. De dominio público, sin derechos reservados.]
La obra en cuestión, El origen de las especies fue publicada por el editor escocés John Murray que por entonces había publicado libros de la novelista Jane Austen, de la científica Mary Somerville, del explorador David Livingstone o del aventurero y novelista Herman Melville entre otras y otros.
Su título original fue el de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. De esa primera edición salieron 1250 ejemplares que se agotaron a las pocas horas. Para la sexta edición ya había recortado su nombre al que conocemos actualmente.
Darwin, como muchos científicos, en su presente no lo tuvo fácil para ser escuchado, ya que traía una teoría que rompía con muchos conceptos y que chocaba de frente con las creencias religiosas. Y es que Darwin en El origen de las especies explicaba que el medio ambiente es el que condiciona el desarrollo de los seres vivos, y por tanto su reproducción. Dicho de otro modo, las poblaciones evolucionan generación tras generación siendo los individuos mejor adaptados a las condiciones ambientales los más exitosos en términos de reproducción. Es la teoría de la selección natural, el medio ambiente selecciona a los mejor adaptados.
Este libro mostraba una conclusión clara en sus investigaciones, los seres vivos tenemos un ancestro común a partir del cual han surgido variaciones, ramificaciones, dando lugar a las especies actuales. Esto no gustó a una buena parte de la comunicad científica. Charles Darwin, del cual hablamos en este blog un un poco más hace un tiempo, estaba poniendo al ser humano a la altura del resto de las especies del planeta y poniéndolo muy cerca del resto de simios.

[Imagen 2. Cladograma que muestra la evolución de diferentes grupos de eungulados. Fuente: Wikipedia desde Stamboom2.JPG: Dlanglois. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/]
Hoy en día muchos científicos tienen una creencia religiosa que no esta reñida con las teorías evolutivas aceptadas y pueden desarrollar sus investigaciones sin barreras ideológicas. Por otro lado, la teoría de la selección natural ha tenido su propia evolución, por lo que no se ha quedado igual. Muchos científicos y científicas han apuntalado, pero también corregido algunos puntos de esta teoría gracias a los descubrimientos que han tendido lugar desde entonces fruto de la investigación científica.
En 1974, más concretamente el 24 de noviembre también, más de un siglo después se descubrió a Lucy, un fósil de Australopithecus afarensis, una hembra que vivió hace 3,2 millones de años. Un 40% del esqueleto conservado sirvió para reconstruir la historia evolutiva con mayor precisión y apreciar las características intermedias entre simios y humanos. Y es que ya Darwin lo indicó, no descendemos del mono, si no que los simios evolucionamos de diferentes formas y el presente es una prueba de ello. Somos una especie más del orden Primates. En la actualidad se tiene idea de que hace 7 millones de años vivía el ancestro común entre el Homo sapiens (ser humano) y el Pan Troglodytes, (chimpancé) que por cambios en el medio ambiente (probablemente climáticos) divergió en dos linajes.

[Imagen 3. Una niña posa junto al esqueleto de Lucy. Fuente: James St. John de Flickr. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0]
Ya no solo la selección natural es un motor de la evolución, conocemos otros procesos como la deriva genética, la mutación, la especiación. Todos los seres vivos seguimos evolucionando. Generación tras generación esos nuevos seres vivos con su genética afrontan la vida en el medio en el que se encuentran. Si este medio cambia su vida cambia.
Desde Madrid Ambiental celebramos poder gozar de esa belleza y convivir con tantos seres vivos que hacen nuestra vida posible; nos dan salud, nos dan alimento o nos alegran los paseos. Una pequeña parte de la biodiversidad está en los parques y jardines y cada día podemos salir a conocerla y sentir su obvia presencia como una gran obra maestra.
Si te has animado y quieres apuntarte a alguno de los paseos y rutas que hacemos, en los que conocemos la biodiversidad de los espacios verdes de la ciudad de Madrid echa un vistazo al catálogo, puedes reservar plaza en el correo electrónico del programa: proambiental@madrid.es
“Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio.”
Charles Robert Darwin
