Salimos del entorno del IFEMA y caminamos hacia el Parque Juan Carlos I donde nos esperaba una bonita jornada para conocer la avifauna de este, que es el tercer parque más grande de Madrid.

El Parque Juan Carlos I no es conocido por ser muy frondoso, grandes extensiones de praderas de césped, grandes superficies de agua y no poca superficie de asfalto ocupan una gran área del mismo. No existen muchas zonas arbustivas y las láminas de agua no poseen apenas vegetación. Pero a pesar de todo ello contiene un ecosistema de gran belleza, casi único para un parque urbano; el olivar.

[Imagen 1. Vista del Parque Juan Carlos I desde la entrada, junto al Monumento a la Paz. Fuente: Madrid Ambiental.]

Entramos desde el aparcamiento de la rotonda de Juan de Borbón y Battemberg con el acompañamiento de los estorninos (Sturnus unicolor) que adornan el paisaje sonoro desde las farolas del aparcamiento. Las palomas torcaces (Columba palumbus) y domésticas (Columba livida) comienzan a dar color.

Entre cipreses de los pantanos (Taxodium disticum) los gorriones se hacen notar y nos permiten reflexionar sobre la gran pérdida de gorrión común (Passer domesticus) que afronta Europa y que es bien palpable en las ciudades, a pesar de que la principal amenaza esté en los químicos vertidos en las extensiones de cultivo en entornos rurales. Al fin y al cabo, donde consumimos afecta a donde se produce, así que esta señal es una alerta.

Las praderas de césped se salpican de curiosas urracas (Pica pica) que siempre nos dan que hablar. Se las sigue teniendo un poco de tirria por una parte de la población, aunque otra parte aprecia la belleza que nos regala y los comportamientos tan curiosos que muestra si tenemos el don de la observación.

Alcanzamos las zonas de agua tratando de localizar unos mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) entre las ramas de una catalpa (Catalpa bignonioides).

Las lavanderas blancas (Motacilla alba) esquivas en esta mañana vuelan a saltos junto al agua.

[Imagen 2. Gran lámina de agua del Parque Juan Carlos I con la isla que contiene la escultura Paseo entre dos árboles. Fuente: Madrid Ambiental.]

En el agua nos esperaban ánades reales (Anas platyrhynchos) comiendo pan entre carpas enormes. De nuevo una oportunidad más para cuestionarnos la desobediencia de la norma que veda alimentar a la fauna, poniendo en riesgo su salud y la del ecosistema (especialmente el ecosistema acuático), desequilibrando, haciendo que las especies más generalistas e invasoras prosperen con mayor facilidad. También es muy cierto que una parte de la población desconoce estas problemáticas, por lo que esta información se ha de dar ampliamente. El medio es la educación ambiental.

A lo lejos dos cormoranes (Phalacrocorax carbo) se solean y una garza real (Ardea cinerea) se muestra bien erguida. No muy lejos una pareja de gansos del Nilo (Alopochen aegyptiaca) permanece junta mientras que dos gallinetas (Gallinula chloropus) saltan al agua y nadan junto a los ánades reales en busca de restos de pan.

[Imagen 3. Cormorán grande (Phalacrocorax carbo). Fuente: Photoangelpaez. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]

Nos alejamos del agua y entre las ramas de los pinos piñoneros (Pinus pinea) aparecen unos carboneros comunes (Parus major) y gorriones molineros (Passer montanus).

Nos arrimamos al olivar y entre cantos de petirrojos (Erithacus rubecula) llegamos a ver varios colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros) en un sube y baja de los tocones de olivo (Olea europaea) al suelo. Escuchamos un pito ibérico (Picus sharpei).

Fijándonos en los nidos de pájaros carpinteros en los álamos blancos (Populus alba) sorprendimos a un tímido herrerillo (Cyanistes caeruleus).

Alcanzamos el Jardín de las Tres Culturas, núcleo del Parque Juan Carlos I, tras acercarnos a ver un grupo de pinzones vulgares (Fringilla coelebs) en sus inmediaciones bajo los olivos. Allí nos recibieron lavanderas blancas y un par de carboneros garrapinos (Periparus ater) picoteando entre las ramas más jóvenes de una tuya (Thuja occidentalis).

[Imagen 4. Hembra de pinzón vulgar (Fringilla coelebs). Fuente: Bart Wursten. Creative Commons – Algunos derechos reservados: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/.]

En el Jardín de las Tres Culturas ya pudimos ver bien varios pitos ibéricos además de algún picapinos (Dendrocopos major), aunque estos últimos no los pudimos ver tan bien.

En el pinar contiguo al Jardín de las Tres Culturas además de pájaros carpinteros, vimos herrerillos, carboneros comunes, un par de agateadores (Certhia brachydactyla) y una panda de gorriones molineros que hurgaban en un antiguo nido de picapinos.

Caminando entre pinos escuchamos una algarabía con ruidos agudos de algunas aves que no llegábamos a identificar. Nos acercamos y distinguimos un gorrión. Llegaron dos mirlos (Turdus merula) a sumarse al griterío y se internaron en el pino. En ese momento salió disparado un mochuelo (Athene noctua) seguido de un gorrión.

Resultaba que, o imaginamos que, el mochuelo había atrapado posiblemente un gorrión y varias aves, sin importar la especie querían echar al depredador. También pensamos que lo podían haber despertado sin querer y al detectarlo quisieron que se marchara. No vimos que llevara ninguna presa cuando escapó, aunque fue muy fugaz.

[Imagen 5. Vista del olivar del Parque Juan Carlos I con la escultura Espacio México al fondo. Fuente: Madrid Ambiental.]

Regresamos a la entrada del Parque Juan Carlos I viendo algunas gallinetas de camino. Comían brotes de hierbas en la pradera de césped y al vernos se echaron al agua.

Con esto dimos por terminada la ruta contabilizando veinte especies y nos despedimos bajo un refugio de murciélagos.

“Cada mochuelo a su olivo”

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