Madrid encuentra en sus jardines paseos magníficos para disfrutar, pero también entre jardín y jardín, ya que, como si del juego de la oca se tratara, ir de uno a otro nos enseña mucho de la propia ciudad.

En esta entrada de blog os presentamos la actividad Jardines Escondidos de Ópera a Embajadores. Un recorrido por un Madrid antiguo con múltiples jardines secretos, escondidos, ocultos, poco visibles o sencillamente poco conocidos.

Nos situamos en medio de la antigua Plazuela de los Caños del Peral, ahora llamada Plaza de Isabel II. Este punto de salida coincide con el trazado de la muralla cristiana que fortificó la ciudad desde el siglo XII. No lejos de la anterior se encuentra la primera muralla de Madrid, la  muralla árabe, del siglo IX. Este dato resulta especialmente interesante en nuestro recorrido, ya que iremos “cruzando murallas” en varias ocasiones.

Rodeamos el Teatro Real para encontrarnos el primer jardín escondido que, sorprendentemente, ¡son tres en uno! Los Jardines de Oriente, situados entre el Palacio Real y el Teatro Real y al norte de este los Jardines del Cabo Noval y al sur los Jardines de Lepanto.

Los Jardines de Oriente no presentan una gran diversidad de especies, pero lo que hay plantado es de gran tamaño; nueve magnolios (Magnolia grandiflora) presiden cada uno de los parterres con múltiples bordaduras de boj (Buxus sempervirens) a sus pies. En las esquinas de estos, cipreses (Cupressus sempervirens) y tejos (Taxus baccata) de topiaria nos muestran arbóreos conos truncados y conos invertidos que más bien parecen copas con las que brindar por la belleza del lugar. La famosa escultura de Felipe IV con celos por nuestro interés en lo verde y no en su figura nos ve pasar de largo.

[Imagen 1: Jardines de Oriente con el Palacio Real de fondo. Fuente: Madrid Ambiental]

Salimos por los Jardines de Lepanto rozando los troncos centenarios de un pino carrasco (Pinus halepensis) y un cedro del himalaya (Cedrus deodara), y accedemos a  los Jardines de Larra.

Mariano José de Larra nació, vivió y murió en este enorno, en la Calle Bailén. Estos jardines situados en los Altos del Rebeque rinden homenaje al escritor y nos muestran una panorámica única de la Catedral de la Almudena con la Casa de Campo de fondo, a través de la Plaza de la Armería. Un gran eucalipto rojo (Eucalyptus camaldulensis) y el camino de tierra junto a restos de varias murallas y pretiles nos hacen imaginar el Madrid de hace varios siglos.

[Imagen 2: Jardín de Larra con la Catedral de la Almudena al fondo. Fuente: Madrid Ambiental]

Continuamos hacia la calle Mayor pasando junto a los restos de la Iglesia de Nuestra Señora de la Almudena que El Vecino Curioso (escultura) lleva 27 años observando.

La Calle del Sacramento nos guarda un secreto. Parece que nos metiéramos en los soportales de alguna vivienda, pero lo que encontramos es el Huerto de las Mojas, un jardín escondido que muestra el lugar donde se encontraba el huerto monástico del Convento de Bernardas del Santísimo Sacramento. Ciruelos de Pissard (Prunus cerasifera var. pissardii), un laurel (Laurus nobilis) y perales de flor (Pyrus calleryana) entre otros nos engalanan el tranquilo lugar.

[Imagen 3: Huerto de las Monjas. Fuente: Madrid Ambiental]

Desde allí atravesamos el trazado del antiguo Arroyo de San Pedro y accedemos al Jardín del Príncipe de Anglona.

Este jardín, de mediados del siglo XVIII, destaca por su diseño compacto y armonioso. Fue obra de Nicolas Chalmandrier, reformado en 1920 por Javier de Winthhuysen y restaurado posteriormente, en 2002, por el paisajista Lucía Serredi.

Este jardín merece una pausa para escuchar la fauna que lo habita y así reconocer la labor de la arquitectura antigua por el fomento de la biodiversidad. Sus muros los habitan gorriones comunes (Passer domesticus) y abejorros (Bombus terrestris). Y es que no somos las únicas especies que aprecian la belleza del descanso y el refugio.

[Imagen 4: Jardín del Príncipe de Anglona. Fuente: Madrid Ambiental]

Una última pasada cerca de la muralla cristiana, en la Calle de los Mancebos, nos lleva al Jardín de Las Vistillas.

Como su nombre indica, nos centramos en las vistas del propio jardín, entre un rodal de acacias de tres espinas (Gleditsia triacanthos). Desde este punto observamos la Catedral de la Almudena y otro jardín escondido a sus pies, el de Mohamed I.

Pasamos junto a La Violetera de Santiago de Santiago, al busto de Ignacio Zuloaga de Juan Cristobal y  el monumento a Ramón Gómez de la Serna de Enrique Pérez Comendador.

[Imagen 5: Vistas desde el Jardín de las Vistillas. Fuente: Madrid Ambiental]

Andarines ya nos encontramos al otro lado de la Real Basílica de San Francisco el Grande disfrutando la variedad de rosales (Rosa sp.) que ocupan los bancales donde hace años se cultivaban dalias (Dahlia sp.). El lugar era conocido como la Dalieda de San Francisco el Grande. Y ya solo San Isidro en su sueños, como muestra la escultura de Santiago Costa que aquí encontramos, puede recordarlos. A día de hoy se conoce como los Jardines de San Francisco el Grande.

Lo que sí que encontramos tras la escultura es un balcón que nos muestra el Parque de la Cornisa que se encuentra en el mismo barrio de Palacio, que desde que comenzamos la ruta aún no hemos abandonado.

[Imagen 6: Rosales del Jardín de San Francisco el Grande. Fuente: Madrid Ambiental]

Antes de llegar a la Puerta de Toledo, atravesando los Jardines de María Domínguez, donde podemos observar un pedacito de la Cerca de Felipe IV, que nos recordará lo importante que fue este rey y que debimos detenernos a saludarle hace un rato.

Descendemos por la Ronda de Toledo tras homenajear a las Heroínas de Sálvora en el jardín que lleva su nombre. Cambiamos de distrito por un momento y nos adentramos en el barrio de Acacias, distrito de Arganzuela.

Llegamos al Parque del Gasómetro, también conocido como Parque de la Chimenea o Jardín de El Rastro. Aquí evidenciamos el por qué de todos esos nombres. Se encuentra en las inmediaciones de donde se celebra el mercadillo de El Rastro además de ser en este lugar donde se encontraba la antigua fábrica de gas que abastecía el alumbrado de la ciudad, cuya chimenea de ladrillo aún se conserva como testigo del pasado. Además de las calles también alimentaba globos aerostáticos del parque Aerostático conocido popularmente como parque del Gasómetro.

[Imagen 7: Parque de la Chimenea. Fuente: Madrid Ambiental]

El recorrido por el parque es breve, pero agradable,  rodeado de tilos de hoja ancha (Tilia platyphyllos). No podemos sentarnos a descansar, debemos seguir nuestro camino hacia el último jardín escondido.

Cruzamos de nuevo la Ronda de Toledo para regresar al distrito centro, al  barrio de Embajadores. Atravesamos un conjunto de impresionantes almeces (Celtis australis) hasta llegar a terrenos que fueron en su momento quinta, la Quinta del Casino de la Reina de Isabel de Braganza. Actualmente Parque Casino de la Reina.

Nos detenemos junto al almez más importante de todos, el que se está comiendo la escalera del propio casino de la Reina. Este impresionante almez está catalogado como Árbol Singular de la Comunidad de Madrid. Su sombra nos permite finalizar el recorrido y desear el vernos de nuevo en otro espacio verde de Madrid.

[Imagen 8: Parque del Casino de la Reina con su almez Árbol Singular a la izquierda y el casino a la derecha. Fuente: Madrid Ambiental]

A día de hoy (marzo de 2026) terminamos nuestro recorrido en el Parque del Casino de la Reina, aunque en otras ocasiones lo hicimos en el Jardín tropical de la Estación de Atocha, en el jardín del  Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid o en el Jardín Vertical Caixaforum.

Lo que siempre hacemos al finalizar nuestras actividades desde Madrid Ambiental es pediros que nos deis vuestra opinión y sugerencias de mejora, así como sugerencias de actividades o zonas a visitar de interés. De esta manera podemos adaptarnos, variar las actividades y mejorar.

Si no has hecho esta ruta aún y te encanta conocer los jardines que esconde esta ciudad, apúntate a través de nuestro correo proambiental@madrid.es consultando las fechas próximas aquí, en el catálogo de Hábitat Madrid del Ayuntamiento de Madrid.

“La naturaleza no hace nada en vano”
Aristóteles