La mañana del domingo 25 de enero amaneció fría y nublada, pero eso no frenó las ganas de salir al encuentro de la naturaleza. Un grupo de personas se dio cita en el Parque Forestal de Valdebebas–Felipe VI para participar en un itinerario ornitológico, bien abrigados y con los prismáticos colgados, dispuestos a descubrir las aves que habitan este espacio verde de la ciudad de Madrid.

La actividad coincidió con un fin de semana muy especial, ya que el lunes 26 se celebra el Día de la Educación Ambiental. Una ocasión perfecta para recordar la importancia de acercar la naturaleza a la ciudadanía y promover una mayor conciencia ambiental, clave para construir una ciudad más sostenible y preparada para los desafíos del futuro.

Nuestro recorrido comenzó siguiendo la ría artificial más cercana a la puerta nº1 del parque, ubicada en la avenida de las Fuerzas Armadas. Tras subir la cuesta de acceso, tuvimos el privilegio de contemplar el entorno desde las alturas gracias al mirador que allí ubicado. Desde este punto privilegiado pudimos observar a las primeras protagonistas de la jornada: un grupo de palomas torcaces (Columba palumbus) y varias urracas (Pica pica).

[Imagen 1: Vistas del Parque Forestal de Valdebebas desde el mirador en un día de verano. Fuente: Madrid Ambiental]

Tras este primer avistamiento, descendimos hacia el parque infantil, un espacio lleno de vida donde la actividad de las aves parecía reflejar la alegría de los niños que suelen jugar allí. Entre columpios y árboles observamos una pareja de herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) y a un tímido agateador europeo (Certhia brachydactyla), que ascendía con rapidez por el tronco de un árbol en busca de alimento.

En esta misma zona también fueron frecuentes los carboneros comunes (Parus major) y los gorriones comunes (Passer domesticus), muy acostumbrados a la presencia humana y siempre activos entre la vegetación y los senderos.

En una de las praderas del parque nos esperaba un auténtico espectáculo: varias parejas de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), se dejaron ver con sorprendente facilidad. Gracias a ello, fue posible apreciar claramente las diferencias de plumaje entre machos y hembras.

[Imagen 2: Hembra de Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). Fuente: L. Bravo Jarilla/ Fototeca CENEAM]

Siguiendo uno de los caminos de tierra del parque, llegamos hasta las inmediaciones del estanque artificial, que en ese momento se encontraba vacío. Aun así, la actividad no se hizo esperar: un milano real (Milvus milvus) sobrevoló la zona por encima de nuestras cabezas. Unos metros más adelante, sobre la barandilla de un pequeño puente, nos sorprendió un animado grupo de alrededor de una veintena de gorriones molineros (Passer montanus), acompañados por varias lavanderas blancas (Motacilla alba), muy activas y fáciles de observar.

También captó nuestra atención una gran sombra ondulante en el cielo: una bandada de estorninos negros (Sturnus unicolor) y pinto (Sturnus vulgaris), que habían salido volando a la vez de un grupo de un chopo blanco (Populus alba).

Continuamos caminando por las terrazas del parque cuando, en uno de los árboles, localizamos a un pito ibérico (Picus sharpei) aferrado al tronco y explorando la corteza en busca de alimento. Poco después, un movimiento al otro lado del camino desvió nuestra atención: un mosquitero común (Phylloscopus collybita) se desplazaba incansable entre las ramas, revoloteando de un lado a otro.

[Imagen 3: Pito ibérico (Picus sharpei). Fuente: Juan Perales Rodríguez/Fototeca CENEAM]

Antes de adentrarnos en la zona de pinar, nos sorprendió la presencia de un conejo (Oryctolagus cuniculus) que cruzó el camino rápidamente.

Ya en el pinar, cerca de una de las fuentes, observamos una lavandera blanca de un tamaño inusualmente grande, que llamó la atención de todo el grupo. Poco después, y de forma fugaz, pudimos ver una garza real (Ardea cinerea) sobrevolando la zona, cerrando este tramo del recorrido con una estampa elegante y tranquila.

Más adelante, mientras intentábamos localizar al escurridizo carbonero garrapinos (Periparus ater), nos sorprendió en el suelo del pinar un grupo de cogujadas comunes (Galerida cristata). Se trata de una especie difícil de observar, experta en mimetizarse con la maleza, por lo que el avistamiento fue especialmente celebrado.

Entre los arbustos del entorno aparecieron varios jilgueros europeos (Carduelis carduelis), la especie elegida por SEO/BirdLife como Ave del Año. Es una especie que ha sufrido especialmente por su captura y comercialización como ave cantora, y este reconocimiento busca dar visibilidad a este problema y fomentar su conservación.

[Imagen 4: Jilguero europeo (Carduelis carduelis). Fuente: C. Valdecantos/Fototeca CENEAM]

En la bajada del pinar, ya de regreso  y con un sol que agradecimos más de uno, se nos presentó una oportunidad perfecta para observar varias especies tomando el sol y buscando alimento en el césped de un olivar cercano. En esta zona identificamos pinzones vulgares (Fringilla coelebs), currucas cabecinegras (Curruca melanocephala), serines verdecillos (Serinus serinus) y gorriones molineros (Passer montanus).

Aunque no llegó a dejarse ver, durante buena parte del recorrido sentimos la compañía de un petirrojo europeo (Erithacus rubecula), siempre discreto y esquivo. Antes de finalizar la actividad, y tras haberla escuchado en numerosas ocasiones, por fin pudimos observar a una lavandera cascadeña (Motacilla cinerea), fácilmente reconocible por su tonalidad amarillenta y su aspecto más estilizado, que la diferencia de la lavandera blanca.

[Imagen 5: Usuarios observando aves desde una de las pasarelas que cruzan la ría artificial del Parque Forestal de Valdebebas – Felipe VI. Fuente: Madrid Ambiental]

Más adelante, localizamos a una pareja de zorzales comunes (Turdus philomelos) posados en un árbol. Poco antes ya los habíamos avistado en el césped, aunque con dificultad debido a sus tonos tierra y patrones de coloración que los camuflan perfectamente en el entorno.

Y así concluyó nuestro itinerario. Con el sol acariciándonos, algunos participantes decidieron quedarse un rato más para seguir observando aves y disfrutar, al igual que nosotros, de la calidez de la mañana y de la vida que hay en el parque.

Si te ha resultado de interés la descripción de la ruta y las especies observadas, puedes animarte y reservar plaza en el siguiente itinerario ornitológico escribiendo al el correo electrónico del programa: proambiental@madrid.es

¡Hasta la próxima!

“Creemos que los pájaros enjaulados cantan, cuando en realidad lloran”

John Webster