Vuelven a bajar las temperaturas después de unos días primaverales estando aún a finales de febrero. Los brotes de algunos árboles de hoja caduca ya comienzan a asomar, de los almendros en flor ni hablamos…Esta mañana hemos venido a la senda fluvial del Pardo a avistar rapaces, acuáticas y paseriformes. Confiamos que las nubes se alejen y nos permitan acabar el itinerario programado.

Hablando del adelanto de la primavera, a lo largo de esta mañana hemos observado en varias ocasiones bandadas de golondrinas comunes (Hirundo rustica) y aviones comunes (Delinchon urbicum). Ambas especies suelen comenzar a verse por el centro peninsular, tras su viaje transahariano, durante el mes de marzo. Esperemos que aguanten las bajas temperaturas que aún quedan por llegar…

 

[Imagen 1: Golondrina común (Hirundo rustica). Fuente: CENEAM]

 

El inicio del día ha sido verdaderamente gratificante y prometedor. Tras posarse una paloma torcaz (Columba palumbus) sobre un poster de la luz encima de nosotros en el punto de encuentro, la primera de los centenares que hemos visto hoy volando en numerosos y agitados grupos, acto seguido han comenzado a llegar varias especies distintas de aves: un mirlo común (Turdus merula), alguna que otra urraca (Pica pica), una pareja de carboneros garrapinos (Periparus ater) y de carboneros comunes (Parus major), gorriones molineros (Passer montanus) y un pico picapinos (Dendrocopos major). Todos han ido posándose muy cerca para sorpresa nuestra.  ¡Hasta un trepador azul (Sitta europaea) ha acudido a nuestro encuentro!.

Alguien había dejado unas migas de pan en el poyete del puente y probablemente haya sido la principal causa de dicha algarabía. Una maravilla para nuestros ojos prácticamente recién abiertos a estas horas de la mañana. Sin embargo, nada beneficioso para el estómago de estos pajaritos. Por favor, recordad que no debemos dar de comer pan ni alimentos procesados a las aves. No les sienta nada bien. Si queréis darles algo, que sean semillas o frutos secos crudos. También podéis darles fruta en verano y, en el caso de las acuáticas, vegetales. En la naturaleza no hay alimentos procesados, únicamente tenéis que pensar qué es lo que ellas pueden encontrar en su hábitat natural para alimentarse.

Muy madrugadores han estado hoy los buitres leonados (Gyps fulvus) y los buitres negros (Aegypius monachus). Los hemos avistado en varias ocasiones a lo largo de la mañana. Normalmente suelen aparecer más tarde, puesto que vuelan dejándose llevar por las corrientes térmicas que se producen al calentarse el aire conforme van pasando las horas.

 

[Imagen 2: Buitre leonado (Gyps fulvus). Fuente: CENEAM]

 

También, al comienzo de la ruta, hemos encontrado un agateador común (Certhia brachydactyla) trepando por el tronco de una acacia de tres espinas muy cerca del paseo paralelo al río. Mientras le observamos, abajo, zambulléndose en el agua, avistamos al primero de los cuantiosos cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que pasan el invierno en el Manzanares.

Diversos han sido también los petirrojos europeos (Erithacus rubecula) que han ido apareciendo por el camino, permaneciendo impertérritos a nuestro paso. Alzamos la vista al cielo, un milano real (Milvus milvus) se cierne sobre nosotros bastante cerca y durante un largo rato, lo que nos permite enfocarle con los prismáticos y discernir los diferentes detalles de su plumaje.

 

[Imagen 3: Milano real (Milvus milvus). Fuente: CENEAM]

 

De nuevo miramos hacia el río, comienzan a llegar los primeros ánades azulones (Anas platyrhynchos). Sobre el bordillo del azud, en la punta, una lavandera blanca (Motacilla alba) toma los primeros rayos de sol de la mañana. Al regresar por la margen contraria al punto de encuentro, observaremos a su congénere la lavandera cascadeña (Motacilla cinérea) exactamente en la misma zona, ¿causalidad?.

Abundantes mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) revolotean en los matorrales ribereños de la senda entremezclándose con los reclamos del cetia ruiseñor (Cettia cetti), al cual no hemos llegado a ver esta mañana. Tampoco hemos visto, pero sí escuchado, a las gallinetas comunes (Gallinula chloropus). Su típico cacareo es inconfundible, tanto como los que emiten las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus), a las que, curiosamente, hoy no hemos escuchado tanto como en otras ocasiones.

Los serines verdecillos (Serinus serinus) nos han saludado con sus frenéticos gorgoritos; sin embargo, tampoco se han dejado ver. Al igual que la curruca capirotada (Sylvia atricapilla). Su reclamo se escuchaba muy potente entre la vegetación palustre cercana a la pasarela de Mingorrubio, pero no ha habido manera de que asomara su oscuro capirote.

 

[Imagen 4: Curruca capirotada (Sylvia atricapilla). Derecha: hembra, izquierda: macho. Fuente: CENEAM]

 

Otro muy esquivo, al que únicamente lo ha visto pasar raudo aguas abajo uno de los participantes, ha sido el martín pescador (Alcedo atthis). Nuestro compañero ha compartido su experiencia con el resto del grupo, pero no nos ha dado tiempo a percatarnos de su presencia. Es lo bueno de ir en grupo, varios pares de ojos ven más que uno solo. Es mucho más enriquecedor, no solo porque se ven más especies, también porque se comparten experiencias y conocimientos con otras personas con los que se tienen intereses en común.

Desde el equipo de Madrid Ambiental, te animamos a compartir una mañana pajarera con nuestro equipo de educadores ambientales y con el resto de participantes. COMPARTIR ES VIVIR.

 

“En todo paseo con la naturaleza uno recibe mucho más de lo que busca”

John Muir